el miércoles me decidí a terminar un trabajo interminable, que tengo pendiente hace unos días.
no en vano elijo estas palabras. porque, a decir verdad, no lo pude terminar. a ver, si lo terminé, después de 12 horas ininterrumpidas sentada frente a esta misma pc. y una vez que lo terminé, desapareció. no me pidan explicaciones, no las tengo.
busqué, rebusqué, revisé y recé. nada. ni rastro del archivo.
ya eran las dos de la mañana pasadas. cuando estoy muy alterada, trato de caminar, con la ilusión de que la brisa disuelva la nube de mis ideas. así que me fui caminando a casa; algo más de 35 cuadras incluyendo un rodeo para evitar zonas no aptas para una dama sola a esas horas.
jueves a la mañana, tras cinco insuficientes horas de sueño, fui al dentista a las 9 am. no suelo tener pánico a los dentistas, pero no siento particular afecto por este profesional de salud bucal. se parece a rolando hanglin (pero con ropa), pelado y eternamente bronceado; correcto pero extremadamente parco y bastante poco amistoso. una vez me trató mal y quedé resentida (=temerosa), pero como esta vez tenía la idea de que solo sería una consulta "prequirúrgica", de diagnóstico... digamos, inocua, fui tranquila. y dormida, no lo voy a negar.
abrí la boca una vez. el tipo dijo "si, bien". me pidió que abriera la boca otra vez y sorpresivamente me clavó la anestesia. ya no había vuelta atrás. ni siquiera protesté.
y me fui dejando atrás el último bastión de juicio que me quedaba.
de vuelta en la oficina, inútil fue todo esfuerzo arqueológico por recuperar el archivo, así que recomencé el trabajo. una vez más.
tenía un almuerzo con mis excompañeras de trabajo, que se suspendió una vez que mis compañeros ya habían almorzado. así que me fui a sentar sola con mi almuerzo en el anonimato de plaza de mayo.
y sentada en el pasto, mirando el cielo a través de las palmeras, me reconcilié con el universo.