domingo a las 7 am, don buquebus me deposita dormidísima en
tres cruces, la terminal de
montevideo. recién me encontraré con mis amigos al mediodía, así que salgo a caminar por la
18 de julio. es larga larga esta avenida, pero pareciera que los locales se van repitiendo, como si hubieran hecho un copy+paste cada diez cuadras.
de a poco la ciudad se despierta; se palpita la navidad inminente. por una calle lateral se está armando una feria. es la
tristán narvaja (me enteraría de eso luego), que según los montevideanos se parece a la de san telmo, pero se quedan cortos! más bien se parece a la de san telmo, la del retiro, la de domínico, la de centenario, la de florida y la del barrio, todas juntas!
se exiende por muchas calles; perdí un poco la cuenta recorriéndola, dejándome llevar por los colores y las voces y perdiéndome también.
en armónico caos (o caótica armonía) conviven lo nuevo y lo usado, lo original y lo trucho, lo importado y lo local.
la variedad de la oferta es infinita. hay flores, semillas, aromáticas y cactus; frutas, verduras, legumbres, quesos y cosas de almacén; libros, discos, cds y dvds; ropa, juguetes, toallas, caireles, pájaros, ojotas, celulares, ollas, dulces, papeles de regalo, percheros, tornillos, lámparas, zapatos, copas, telas, herramientas y por supuesto, mates. algunos puestos tienen mucha infraestructura, otros tan sólo un "pañito" y dos o tres cositas que parecen salidas del fondo del baúl, en el mejor de los casos... del tacho de basura, en otros!
aquí, algunas fotos dan cuenta de la heterogeneidad reinante!

(macabra la cercanía de estos elementos...)
