sentada en un bar, apuro el último desayuno en tailandia.
en un rato voy a cruzar a laos. tomaré un bote que tarda dos dias en llegar a luang prabang, mi próxima parada .
no creo que vaya a extrañar mucho este país. siento que casi no me ha dejado marca.
más bien por el contrario, fue el espacio donde hizo eclosión el viaje a india.
estoy a punto de cumplir un año de viaje. y queda mucho más.
Mostrando las entradas con la etiqueta tailandia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta tailandia. Mostrar todas las entradas
miércoles, junio 09, 2010
domingo, junio 06, 2010
en mi cabeza
tengo piojos. ya sé donde me los pesqué, me los pasó germán cuando estábamos en ko lipeh. lindo regalo de cumpleaños! él me había contado que se los había contagiado no sé donde, en vietnam o por ahí, pero yo pensé que ya no tenía más. error. uf, hace un mes y medio que me pica la cabeza. lo comenté con mi mamá el mes pasado un día que skypeamos. ella sentenció enseguida: son piojos. yo me resistí a la idea. no es que nunca tuve piojos, obviamente, pero ahora tengo el pelo corto, che, piojos, media pila!
me acuerdo que en un viaje anterior me agarré piojos en italia, más exactamente en venecia. piojos ilustres los míos, viejo, esto es calidad, nunca un piojo de santa teresita, no señor. pues en italia fue relativamente fácil conseguir un peine fino en la farmacia, pero de esos de plástico malísimos. ya en alemania (el viaje seguía y con él, la picazón) la situación se había tornado insoportable, así que me resolví a comprar uno de esos de metal, que mejor lugar que berlín para conseguir un peine de acero inoxidable. pues no saben cuan divertido puede ser explicarle a un farmacéutico alemán que uno tiene piojos. casi tanto como explicárselo a uno tailandés.
pues en chiang mai me picaba tanto que una noche antes de ir a dormir me puse vinagre, el remedio más barato. supuse que al despertar, además del olor nauseabundo, iba a encontrar el tendal de bichos muertos, pero nada, lo cual me hizo pensar que me picaba por otras razones. aunque por unos días me dejó de picar y me olvidé.
en pai la picazón volvió con todo y tras varios días de olvidarme de hacerlo, compré un peine de ínfima calidad, pero no había otro.
la calidad se mide comparativamente, no? este peine me parece malo comparado con otros que he tenido o que he visto, o que he usado, o que recuerdo. ahora, si es el único disponible, tengo que asumir que es bueno?
repita 100 veces: es lo que hay, es lo que hay, es lo que hay.
bueh, me estoy pasando el peine y me saqué unos piojos gigantes, unos cuantos. me preocupa que con este peine no salen las liendres, o sea que me espera arduo y constante trabajo hasta erradicarlos. ponerme vinagre otra vez, quizás. pero si estoy con gente me da vergüenza admitirlo. tener piojos me arruina la imagen. y a mí, que me gusta lustrarla cada día y que nada la empañe, no la quiero estropear.
me acuerdo que en un viaje anterior me agarré piojos en italia, más exactamente en venecia. piojos ilustres los míos, viejo, esto es calidad, nunca un piojo de santa teresita, no señor. pues en italia fue relativamente fácil conseguir un peine fino en la farmacia, pero de esos de plástico malísimos. ya en alemania (el viaje seguía y con él, la picazón) la situación se había tornado insoportable, así que me resolví a comprar uno de esos de metal, que mejor lugar que berlín para conseguir un peine de acero inoxidable. pues no saben cuan divertido puede ser explicarle a un farmacéutico alemán que uno tiene piojos. casi tanto como explicárselo a uno tailandés.
pues en chiang mai me picaba tanto que una noche antes de ir a dormir me puse vinagre, el remedio más barato. supuse que al despertar, además del olor nauseabundo, iba a encontrar el tendal de bichos muertos, pero nada, lo cual me hizo pensar que me picaba por otras razones. aunque por unos días me dejó de picar y me olvidé.
en pai la picazón volvió con todo y tras varios días de olvidarme de hacerlo, compré un peine de ínfima calidad, pero no había otro.
la calidad se mide comparativamente, no? este peine me parece malo comparado con otros que he tenido o que he visto, o que he usado, o que recuerdo. ahora, si es el único disponible, tengo que asumir que es bueno?
repita 100 veces: es lo que hay, es lo que hay, es lo que hay.
bueh, me estoy pasando el peine y me saqué unos piojos gigantes, unos cuantos. me preocupa que con este peine no salen las liendres, o sea que me espera arduo y constante trabajo hasta erradicarlos. ponerme vinagre otra vez, quizás. pero si estoy con gente me da vergüenza admitirlo. tener piojos me arruina la imagen. y a mí, que me gusta lustrarla cada día y que nada la empañe, no la quiero estropear.
más o menos relacionado con
grr,
sudeste asiático,
tailandia,
viaje
domingo, mayo 23, 2010
love is dead
"en tailandia el amor está muerto", me dijo josefina, una uruguaya hermosa que conocí en pushkar, en mis últimos meses en la india. y parece que tiene razón.
muchos varones viajeros me confesaron que es casi imposible tener una relación con una mujer thai sin pagar, al menos un trago (aunque ninguno confesó haberlo hecho). a ver, no se trata de esperar una invitación del tipo ""estamos charlando, te invito a tomar algo", sino de exigir abiertamente una retribución, monetaria o en especias, por los servicios a prestar.
sin embargo, esto no parece desalentar a los "farang" (palabra thai para nombrar a los extranjeros, habitualmente pronunciada "falang". los tailandeses, como los chinos, no pueden pronunciar la r): todo western tiene su novia thai. en notoria diferencia con la india, donde es factible ver hombres indios con mujeres occidentales (jamás al revés), en tailandia sucede exactamente lo contrario, pero en cantidades abrumadoras.
con una histórica tradición en el tema (tailandia proveía sexo para los yankees en vietnam), la prostitución no pareciera ser un tabú. tampoco el transvestismo: los lady boys son marca registrada de tailandia y abundan.
las chicas (y sinceramente, algunos ladyboys también) tienen sus encantos, no lo voy a negar. son bonitas y muy femeninas. pero hay algo de artificial en esa belleza, de falso, de forzado.
un exceso de producción probablemente innecesario, de pestañas postizas y lentes de contacto de color, de pelo teñido de rubio y siliconas.
cuando volvía de ko phagnan, la última parte del trayecto la hice en un bus que tenía una especie de "salón comedor", una mesa rodeada de sillones. ahí viajamos un alemán, una inglesa, una pareja de isralíes, un húngaro, un yankee, dos ingleses, una chica tailandesa y yo. nuestro bus se había roto, y estábamos bastante desvelados tras tres horas en la ruta esperando el nuevo. esperamos en una estación de servicio, comprando porquerías para comer y tonteando. cuando llegó el recambio y nos acomodamos, uno propuso aprovechar la mesa y jugar a las cartas, y así lo hicimos. el húngaro invitó a la chica thai a jugar, ella respondió que no se sentía bien, que había estado vomitando, que estaba mal del estómago y se durmió. nosotros jugamos un rato largo, ya empezaba a aclarar cuando decidimos dormir.
como a las 7 am paramos para desayunar. la chica tai bajó del bus encaramada en sus tacos aguja y fue directo al baño. regresó perfectamente peinada y comenzó a maquillarse. hasta se arqueó las pestañas!
muchos varones viajeros me confesaron que es casi imposible tener una relación con una mujer thai sin pagar, al menos un trago (aunque ninguno confesó haberlo hecho). a ver, no se trata de esperar una invitación del tipo ""estamos charlando, te invito a tomar algo", sino de exigir abiertamente una retribución, monetaria o en especias, por los servicios a prestar.
con una histórica tradición en el tema (tailandia proveía sexo para los yankees en vietnam), la prostitución no pareciera ser un tabú. tampoco el transvestismo: los lady boys son marca registrada de tailandia y abundan.
las chicas (y sinceramente, algunos ladyboys también) tienen sus encantos, no lo voy a negar. son bonitas y muy femeninas. pero hay algo de artificial en esa belleza, de falso, de forzado.
un exceso de producción probablemente innecesario, de pestañas postizas y lentes de contacto de color, de pelo teñido de rubio y siliconas.
como a las 7 am paramos para desayunar. la chica tai bajó del bus encaramada en sus tacos aguja y fue directo al baño. regresó perfectamente peinada y comenzó a maquillarse. hasta se arqueó las pestañas!
it's all so quiet
no estoy haciendo gran cosa. conseguí un adorable bungalow frente al río. alquilé una bici un día (y debí caminar la mayor parte del trayecto cuesta arriba, solo para comprobar que no tenía frenos cuesta abajo). lavé bastante ropa, trabajé con unos libros de identity, me compré un libro de mitología griega y lo empecé a leer, me puse al día con algunos blogs amigos. desarmé la mochila íntegramente para arreglarla -la pobre acaba de cumplir 10 años y está pidiendo pista- tuve que emparcharla en varios lados pero está quedando bien.
hace calor. me acuesto tarde, me despierto ídem, duermo bastante. hablo con casi nadie, salgo poco. disfruto de mi casita silenciosa y con muchas ventanas, el río asoma por la puerta. el baño no tiene techo y cuando llueve, me ducho mitad con agua de la canilla y mitad con agua de lluvia. camino un poco (todo pai es caminable en cuestión de minutos), voy al mercado, compro frutas, canto. encontré una planta de jazmín y cada vez que paso por ahí me quedo respirando unos minutos su perfume.
cada atardecer llueve, y la noche, fresca como recién salida de la ducha, entra a raudales por la puerta-ventana con su coro de grillos y sapos.
estoy recargando las baterías. laos espera. por ahora, estoy en paz. digo, en pai.
martes, mayo 18, 2010
tengo la camisa roja
más o menos relacionado con
sudeste asiático,
tailandia,
viaje
viernes, mayo 14, 2010
ladrón que roba a ladrón...
sukhothai es la versión thai de hampi. una ciudad pequeña y amigable que hace muchos muchos años fue capital del imperio siamés, muchos pero muchos templos en ruinas en los alrededores, caseríos salpicados entre el verde. uf, que falta que me hacía un respiro de tanto cemento. cómo no me dí cuenta antes?
alquilo una bici, pedaleo por rutas impecables y desiertas. a los lados del camino, árboles, bosques, campos de arroz, casas de teca suspendidas sobre columnas, templos en ruinas. sawat dee kaa, saludo. la gente sonríe y yo sonrío también. un tema, éste de las sonrisas. tailandia es conocida como la tierra de las sonrisas, pero poco de eso había encontrado en la amargura de fin-de-fiesta de ko phagnan y la superficialidad cementicia de bangkok. "las tailandesas son sonrisas falsas" me dijo alguien, "sonríen por reflejo, pero no lo sienten". no me parece mal sonreír por reflejo, casi que yo también lo hago. pero lo de la falsedad... bueh, habrá que ver con que vara se juzga eso, pero si me dicen que sonríen porque quieren dinero, les digo que en ko phagnan ni se molestaban en fingir. no creo que estos que me sonríen por acá quieran dinero. es un vínculo demasiado fugaz el de uno que pasa en bici y otro que está en la calle, un encuentro efímero.
vuelvo de la pedaleada cansada y contenta, me cruzo con una pareja de españoles encantadores y luego con una chilena copada, vamos a cenar los tres al mercado, que gusto hablar en castellano, con la charla atraemos a tres mejicanos que están haciendo tiempo para que salga su bus, seis hispanoparlantes en la avenida principal de sukhothai.
a la mañana siguiente pongo el despertador, a ver si puedo esquivar el calor por unas horas y compensar con una siesta cuando el sol se pone inaguantable. a las 7 me hago la que no escucha, a las 8 me levanto tan dormida que la ducha no me despierta. no encuentro la llave del candado de la bici. repito el camino de la noche anterior, aprovecho para comprar unas frutas extrañas para desayunar. de la llave ni noticias. vuelvo a la habitación, reviso todo, estoy tan ofuscada que me acuesto a dormir otra vez.
son casi las 3 cuando me animo a salir. todavía me queda mucho para recorrer, tengo que encontrar una solución. reviso el candado nuevamente, la cadena es finita y de eslabones. simple: me voy a tener que autorobar. salgo a la calle, hay un negocio de reparación de no se qué, una pinza y un alicate me hacen señas desde el mostrador. se los pido, no, por favor, no, cinco minutos por favor, no, le dejo mi cédula de identidad como garantía, 5 minutos, ok.
me voy con las armas escondidas en actitud harto sospechosa, me llevo la bici fuera de la vista de la recepción del hotel y me siento a trabajar. 5 minutos, abro un eslabón de la cadena y listo.
devuelvo las herramientas evitando aparcar la bici en la puerta para que no sea tan obvio lo sucedido, kornkupkaa, gracias very much, me voy a pedalear entre budhas y árboles y templos flotantes.
antes de devolver la bici, compro un candado nuevo, lo engancho prolijamente y entrego la bici con una sonrisa. aquí no ha pasado nada.
alquilo una bici, pedaleo por rutas impecables y desiertas. a los lados del camino, árboles, bosques, campos de arroz, casas de teca suspendidas sobre columnas, templos en ruinas. sawat dee kaa, saludo. la gente sonríe y yo sonrío también. un tema, éste de las sonrisas. tailandia es conocida como la tierra de las sonrisas, pero poco de eso había encontrado en la amargura de fin-de-fiesta de ko phagnan y la superficialidad cementicia de bangkok. "las tailandesas son sonrisas falsas" me dijo alguien, "sonríen por reflejo, pero no lo sienten". no me parece mal sonreír por reflejo, casi que yo también lo hago. pero lo de la falsedad... bueh, habrá que ver con que vara se juzga eso, pero si me dicen que sonríen porque quieren dinero, les digo que en ko phagnan ni se molestaban en fingir. no creo que estos que me sonríen por acá quieran dinero. es un vínculo demasiado fugaz el de uno que pasa en bici y otro que está en la calle, un encuentro efímero.
vuelvo de la pedaleada cansada y contenta, me cruzo con una pareja de españoles encantadores y luego con una chilena copada, vamos a cenar los tres al mercado, que gusto hablar en castellano, con la charla atraemos a tres mejicanos que están haciendo tiempo para que salga su bus, seis hispanoparlantes en la avenida principal de sukhothai.
a la mañana siguiente pongo el despertador, a ver si puedo esquivar el calor por unas horas y compensar con una siesta cuando el sol se pone inaguantable. a las 7 me hago la que no escucha, a las 8 me levanto tan dormida que la ducha no me despierta. no encuentro la llave del candado de la bici. repito el camino de la noche anterior, aprovecho para comprar unas frutas extrañas para desayunar. de la llave ni noticias. vuelvo a la habitación, reviso todo, estoy tan ofuscada que me acuesto a dormir otra vez.
son casi las 3 cuando me animo a salir. todavía me queda mucho para recorrer, tengo que encontrar una solución. reviso el candado nuevamente, la cadena es finita y de eslabones. simple: me voy a tener que autorobar. salgo a la calle, hay un negocio de reparación de no se qué, una pinza y un alicate me hacen señas desde el mostrador. se los pido, no, por favor, no, cinco minutos por favor, no, le dejo mi cédula de identidad como garantía, 5 minutos, ok.
me voy con las armas escondidas en actitud harto sospechosa, me llevo la bici fuera de la vista de la recepción del hotel y me siento a trabajar. 5 minutos, abro un eslabón de la cadena y listo.
devuelvo las herramientas evitando aparcar la bici en la puerta para que no sea tan obvio lo sucedido, kornkupkaa, gracias very much, me voy a pedalear entre budhas y árboles y templos flotantes.
antes de devolver la bici, compro un candado nuevo, lo engancho prolijamente y entrego la bici con una sonrisa. aquí no ha pasado nada.
domingo, mayo 09, 2010
oídos sordos
bangkok me recibe con calor de hogar. demasiado quizás. llueve a cántaros y aún así el calor no afloja, aunque sirve para disimular el sudor. ya conozco el camino a N6, la casa couchsurfer que me alojó antes. es casi como un hostel, o como un zoo.
cinco pisos tapizados de colchones, muchos ventiladores y viajeros que van y vienen.
hay raras avis en esa fauna intermitente: lottie, una inglesa brillante que llegó minutos antes que yo, con la que compartimos colchón y sentido del humor; mathias, un sueco enamorado de la india con quien charlé muchas madrugadas y me dió la impresión de que lo conocía desde hacía años (y, causa o consecuencia, me hacía acordar muchísimo a ale); narcis, un catalán temperamental que preparaba tortilla de papas todas las noches.
la vida en n6 es como un jueves perpetuo (en el mundo donde los jueves sean así, claro). la gente va amaneciendo por oleadas, los trasnochados resucitamos después de las 11, alguien sugiere ir al supermercado a comprar algo para des-almorzar (podría decir brunch, pero es demasiado palermitano) y de paso disfrutar de unos minutos de aire acondicionado, otro prepara café, hoy el yankee cocina huevos revueltos, la canadiense pregunta por la visa para vietnam, yo quiero ir a andar en lancha colectiva, la alemana saluda porque se va para el sur, el sueco quiere ir a ver el budha reclinado,
todos sin excepción tenemos mucho pero mucho calor. como a las 3 salimos, si somos muchos vamos en taxi (que tiene aire acondicionado), si somos pocos en colectivo. después de las 7 estamos de vuelta, alguien se ofrece a cocinar, algunos ayudan, otros se hacen los otarios. "donde vamos hoy" es la pregunta, sukumvith o khao san rd., muchos gringos pero apuesta segura, mejor preguntamos a algún local, un día la pasamos bomba y otro nos arrepentimos de haber salido a la puerta. a la vuelta, té verde frío o caliente, había un chocolate por acá, otro que raspa la olla de la cena, cada uno con su pc contando las mismas cosas a amigos distintos por fb, cs, msn, tw o cualquier acrónimo que indique virtualidad.
el calor aplasta y amorfa, cuesta arrancar, cuesta pensar. ya estoy cansada de estar acá, tan cansada que me cuesta irme. hay algo venenoso en esta rutina que es siempre distinta y siempre la misma, van 4, 5 o 6 días, difícil distinguir entre tantos días iguales. me tengo que ir y no quiero, me quiero ir y no puedo, tengo fiaca de armar la mochila otra vez y no sé ni para dónde ir. me anoto como ayudante en curso de vipassana por acá cerca, uno, dos, tres días y no me responden; estoy corrigiendo/editando/escribiendo un libro para identity que no termina de terminarse, todo está suspendido, detenido en la humedad sofocante de bangkok.
hace como tres días que vengo anunciando mi partida, el domingo me despierto con algo parecido a una resolución, voy a averiguar por los pasajes.
antes de salir, llamo a los del vipassana, no tenemos más lugar. y porque no me avisaron por mail, lpmqt? tanta meditación y tan poca consideración por el otro? grrrr! ya me pus e de mal humor.
me separo del rebaño para ir a hualampong, la estación de tren. el pasaje que debía costar 70 sale 230 y me deja a las 4 am a dos horas en bus de donde quiero ir. creo que no es negocio, por esa plata seguro consigo bus directo. voy al encuentro de mis co-couchsurfers, llego justo a tiempo para averiguar que ya se fueron a otro lado, ya ni vale la pena el esfuerzo, mejor me voy a la terminal de buses, o donde creo que es la terminal de buses, parece que estoy muy equivocada pero no soy la única, cada indicación que me dan apunta a otro lado.
tras hora y media de caminar en círculos -la primera parte, con luz y por un parque precioso, la segunda, a oscuras y entre autopistas-, llego a la terminal. buses a sukhothai? sí, a las 9, 9.30, 10, 240 bahts... a las 11 un servicio vip, 400 bahts. son las 8 pasadas ya, entre ida y vuelta, ducha y armar la mochila no sé si llego, no me quiero arriesgar a comprar el pasaje. hay lugar a las 10? por ahora está vacío, perfecto, lo compro antes de salir.
vuelvo a la casa, no estoy contenta, no estoy segura, algo me dice que no me vaya, definitivamente no tengo ganas de moverme. pero ya es casi una cuestión de orgullo, armo la mochila así nomás, explotando por todos los cierres, me ducho en un segundo, me visto, me despido rapidísmo, me tomo una moto taxi, 50 bahts, sufro el camino con la mochila y mil bártulos colgando, llego 15 minutos antes de las 10. sukhothai? no hay más lugar. ni ahora ni a las once.
me río. me río mientras me tomo el bus de vuelta a n6. paso por un 7/11, me merezco un jugo de melón por mi mal día, y justo es el que no hay. me río más, vuelvo a la casa cansada, acalorada, sin jugo y sin pasaje pero me río, y es que yo sabía que no era el día, no era el día para irse, y muchas veces me lo dije, pero no me escuché.
cinco pisos tapizados de colchones, muchos ventiladores y viajeros que van y vienen.
hay raras avis en esa fauna intermitente: lottie, una inglesa brillante que llegó minutos antes que yo, con la que compartimos colchón y sentido del humor; mathias, un sueco enamorado de la india con quien charlé muchas madrugadas y me dió la impresión de que lo conocía desde hacía años (y, causa o consecuencia, me hacía acordar muchísimo a ale); narcis, un catalán temperamental que preparaba tortilla de papas todas las noches.
la vida en n6 es como un jueves perpetuo (en el mundo donde los jueves sean así, claro). la gente va amaneciendo por oleadas, los trasnochados resucitamos después de las 11, alguien sugiere ir al supermercado a comprar algo para des-almorzar (podría decir brunch, pero es demasiado palermitano) y de paso disfrutar de unos minutos de aire acondicionado, otro prepara café, hoy el yankee cocina huevos revueltos, la canadiense pregunta por la visa para vietnam, yo quiero ir a andar en lancha colectiva, la alemana saluda porque se va para el sur, el sueco quiere ir a ver el budha reclinado,
todos sin excepción tenemos mucho pero mucho calor. como a las 3 salimos, si somos muchos vamos en taxi (que tiene aire acondicionado), si somos pocos en colectivo. después de las 7 estamos de vuelta, alguien se ofrece a cocinar, algunos ayudan, otros se hacen los otarios. "donde vamos hoy" es la pregunta, sukumvith o khao san rd., muchos gringos pero apuesta segura, mejor preguntamos a algún local, un día la pasamos bomba y otro nos arrepentimos de haber salido a la puerta. a la vuelta, té verde frío o caliente, había un chocolate por acá, otro que raspa la olla de la cena, cada uno con su pc contando las mismas cosas a amigos distintos por fb, cs, msn, tw o cualquier acrónimo que indique virtualidad.
el calor aplasta y amorfa, cuesta arrancar, cuesta pensar. ya estoy cansada de estar acá, tan cansada que me cuesta irme. hay algo venenoso en esta rutina que es siempre distinta y siempre la misma, van 4, 5 o 6 días, difícil distinguir entre tantos días iguales. me tengo que ir y no quiero, me quiero ir y no puedo, tengo fiaca de armar la mochila otra vez y no sé ni para dónde ir. me anoto como ayudante en curso de vipassana por acá cerca, uno, dos, tres días y no me responden; estoy corrigiendo/editando/escribiendo un libro para identity que no termina de terminarse, todo está suspendido, detenido en la humedad sofocante de bangkok.
hace como tres días que vengo anunciando mi partida, el domingo me despierto con algo parecido a una resolución, voy a averiguar por los pasajes.
antes de salir, llamo a los del vipassana, no tenemos más lugar. y porque no me avisaron por mail, lpmqt? tanta meditación y tan poca consideración por el otro? grrrr! ya me pus e de mal humor.
me separo del rebaño para ir a hualampong, la estación de tren. el pasaje que debía costar 70 sale 230 y me deja a las 4 am a dos horas en bus de donde quiero ir. creo que no es negocio, por esa plata seguro consigo bus directo. voy al encuentro de mis co-couchsurfers, llego justo a tiempo para averiguar que ya se fueron a otro lado, ya ni vale la pena el esfuerzo, mejor me voy a la terminal de buses, o donde creo que es la terminal de buses, parece que estoy muy equivocada pero no soy la única, cada indicación que me dan apunta a otro lado.
tras hora y media de caminar en círculos -la primera parte, con luz y por un parque precioso, la segunda, a oscuras y entre autopistas-, llego a la terminal. buses a sukhothai? sí, a las 9, 9.30, 10, 240 bahts... a las 11 un servicio vip, 400 bahts. son las 8 pasadas ya, entre ida y vuelta, ducha y armar la mochila no sé si llego, no me quiero arriesgar a comprar el pasaje. hay lugar a las 10? por ahora está vacío, perfecto, lo compro antes de salir.
vuelvo a la casa, no estoy contenta, no estoy segura, algo me dice que no me vaya, definitivamente no tengo ganas de moverme. pero ya es casi una cuestión de orgullo, armo la mochila así nomás, explotando por todos los cierres, me ducho en un segundo, me visto, me despido rapidísmo, me tomo una moto taxi, 50 bahts, sufro el camino con la mochila y mil bártulos colgando, llego 15 minutos antes de las 10. sukhothai? no hay más lugar. ni ahora ni a las once.
me río. me río mientras me tomo el bus de vuelta a n6. paso por un 7/11, me merezco un jugo de melón por mi mal día, y justo es el que no hay. me río más, vuelvo a la casa cansada, acalorada, sin jugo y sin pasaje pero me río, y es que yo sabía que no era el día, no era el día para irse, y muchas veces me lo dije, pero no me escuché.
martes, mayo 04, 2010
el paraíso tan temido
| de had rin, la playa fiestera, huí a had yuan, un poco más al norte, en busca de tranquilidad. 200 bahts (algo más de 20 pesos) y 10 minutos en bote bajo la lluvia mediante, llegué a esta playa pequeña que tanto me habían recomendado. un paraíso de agua turquesa y arena fina, celosamente custodiado por dos escolleras naturales de piedra y respaldado por una montaña selvática. al final de la escollera, me dicen, hay un hostal barato, edén se llama, 150 bahts, ahí voy. me dan un bungalow pequeñito, suficiente. voy a la playa, me paso como 3 horas en el agua. salgo con los dedos arrugados, ceno por ahí, vuelvo. al día siguiente, me meto al mar directo desde las rocas, nado hasta la playa, regreso tras tres horas de remojo. ni hambre tengo, me tiro a leer en el restaurant del hotel mirando el horizonte azul. a la tarde. bajo a la playa, otra vez al agua, dos, tres horas seguidas, me van a salir agallas en cualquier momento. abandono del mar con las primeras estrellas, la luna roja en el horizonte, bello todo. voy a cenar, como indica la tradición thai dejo las ojotas afuera, fideos picantes, muy rico todo, salgo y las ojotas no están. regreso, reclamo, no hay caso, we are too busy not our problem here many people. me voy a las puteadas, no sólo porque no tengo ojotas y me tengo que volver en patas sino por la mala onda de los del restaurant. podrían nomás haberme sonreído compasivamente y decir "las vamos buscar más tarde, volvé mañana a ver si aparecen" y yo me hubiera ido más contenta, o más consolada, pero no. así las cosas, llego al hotel, el dueño que a la tarde destilaba buena onda parece que se había pasado de la raya, y no metafóricamente. simplemente, a la voz de "i'm kicking you out", me empieza a gritar que me tengo que ir, que como no consumí nada en su restaurante, no le sirvo como cliente. o sea, me echa del hotel aunque esté pagando por mi habitación, y a los gritos. no es mi idea de relax, claramente. a la mañana siguiente, previo remojo marino, armo la mochila y me voy. sin siquiera haber comido la manzana, expulsada del paraíso terrenal, directo a bangkok. más fotos, acá. |
más o menos relacionado con
grr,
sudeste asiático,
tailandia,
viaje
viernes, abril 30, 2010
ay, qué buena está la fiesta, mamá
| llego tarde, siempre llego tarde, eso no es novedad. tras taman negara, tomé un bus, luego un tren, luego otro bus, crucé la frontera malayo-tailandesa, luego una moto-taxi, una minivan, otro bus, un saeng-taw (como una camioneta taxi típica tailandesa), un bote y otro saeng-taw para llegar, cuarenta horas después -pero no 40 horas tarde, eh!- a la full moon party, la fiesta más famosa de tailandia, en una isla llamada ko phagnan, cuando la luna ya se había ido. y aunque tarde, fui igual, a ver los despojos de la diversión. 7 am quedan en la playa unos cuantos, los ojos perdidos en vaya uno a saber qué universo, los cuerpos pintados con pintura fosforescente, las botellas desperdigadas en la arena, las peleas clásicas de borrachos, montones de ojotas huérfanas abandonadas a su suerte. no conecto con la fiesta, está claro que carezco de las toneladas de alcohol que los danzarines acusan. y el mar está ahí, ahí. me meto al agua. sumerjo la cabeza, nado pacíficamente en el silencio líquido. apenas mis orejas asoman a la superficie, el punchi punchi violento que ataca desde los parlantes destroza la calma turquesa. casi me alegra no haber llegado a tiempo. más fotos, acá. |
más o menos relacionado con
sudeste asiático,
tailandia,
viaje
viernes, abril 16, 2010
feliz cumpleaños a mí
| hace unos días nomás debería haber tomado el vuelo de regreso a buenos aires. qué lejos me parece ahora! hace nomás un año estaba rodeada de gente en plaza serrano, tras 5 meses de viaje por sudamérica andina y la cerecita de la torta con el camping en córdoba. 365 días después estoy en ko lipe, una isla al sur de tailandia. festejo mi cumple con peces de colores y brindo con aguas cristalinas. tras el mate a la mañana, vamos de excursión en bote a unos arrecifes de coral. abajo del agua, un universo de colores y texturas peces, corales, estrellas, erizos... una isla con el agua más turquesa que puedan imaginar y una playa de harina más que de arena. al regreso, otro mate, una lluvia cosquillosa que no alcanza para apagar el atardecer incendiario, el sol es magma derretido en el horizonte. ya la luna sonríe finísima a lo lejos. bailamos unos tangos en el porch del bungalow. hago una torta mínima con galletitas, soplo la velita, casi no pido deseos, no hace falta. me voy a dormir con el mar en los ojos. tengo un sueño profundo... más fotos, acá. |
más o menos relacionado con
sudeste asiático,
tailandia,
viaje
martes, abril 13, 2010
waterworld
| hace tres años que no nos vemos, aunque nos conocemos hace como 15. y ahora, maravillosas no-casualidades, está en tailandia. quedamos en encontrarnos en la estación de tren de bang kok y temo no reconocerlo. pff! sino fuera por la barba, tendría la misma cara que a los 10! no hay tren para esta noche, pero mucho no nos importa, tenemos mate y tanto para contarnos! compramos pasajes para el día siguiente y nos sentamos en el piso de la estación de tren a charlar. al día siguiente entonces volvemos a la estación. colgamos, cambiamos bus por tuk tuk a mitad de camino, corremos, llegamos medio minuto antes de lo que dice el boleto, subimos agitados. son las 3 y media, nos esperan más de 18 horas de viaje con calor en asientos minúsculos. charlamos hasta cansarnos, él se enrosca en el suelo y yo me quedo en el asiento, dormimos como se puede. el sol ya está alto y el calor a pleno cuando llegamos a hat yai. tenemos que conseguir un tuk tuk que nos lleve a la terminal de buses para conseguir un bus que nos lleve a la terminal de botes para ir a la reserva de ko tarutao. y está complicado. conseguimos uno, subimos, hacemos una cuadra y entramos a un campo de batalla. es el año nuevo tailandés y se festeja con una guerra de agua: todo el mundo está en la calle con baldes y pistolas, en la vereda o en camionetas, empapando al resto. hacemos unas cuadras, estamos empapados también, nos miramos: y si nos quedamos una noche en hat yai? bajamos del tuk tuk, ponemos las fundas para lluvia en las mochilas, hacemos dedo a una camioneta que va con gente y baldes en la parte de atrás y nos sumamos al carnaval versión thai! más fotos, acá. |
más o menos relacionado con
sudeste asiático,
tailandia,
viaje
domingo, abril 11, 2010
conejo de viaje
| me despierto tarde, como al mediodía. pero no salgo como hasta las 4 pm, cuando el calor afloja levemente su prisión invisible. camino unas cuadras, alquilo una bici, pedaleo hasta cruzar un puente. del otro lado del río (como la canción de jorgito...) hay menos civilización y más verde. plantas de banana asoman sobre la ruta. saludo a un viejito en moto, paro a comprar unas frutas, sigo viaje. llego a otro puente, éste es ferroviario, histórico, una atracción turística. está lleno de gringos arriba, ato la bici y subo también. saco fotos, pasa el tren, hay que correrse, el tren se va, vuelvo a sacar fotos, me voy también. vuelvo del lado de la civilización, paso otra vez por el puente ferroviario pero esta vez del otro lado, me alejo del centro, voy buscando un lugar sobre el río para ver el atardecer que acecha en el horizonte. no consigo, pero encuentro un horizonte decente y arbolado donde el sol se escurre por este día. saco más fotos, me subo a la bici, regreso al centro, paso por un mercado, ¿cómo voy a seguir de largo y perderme ese mundo de colores? camino entre los puestos, no solo hay colores sino también olores, sabores, texuras... compro algo para la cena (una ensalada, hace mucho calor para fideos), vuelvo a la bici, pedaleo más, llego a la estación de buses, hay otro mercado pero paso rapidito. sigo por una perpendicular, voy en dirección al río, descubro una costanera que no había notado en el mapa, hay unos restaurantes flotantes con bandas tocando en vivo. me siento en la costa, canto a lo lejos con la banda unos clásicos ochentosos, algo se agita en el agua, como un pez extraño o una planta acuática. danza en las olas suaves, o quizás se ahoga, se mueve levemente en dirección a la costa. se acerca, me acerco, tiene colores, no es un pez, ¡es un conejo! (un conejo de peluche, no sean susana giménez, se los ruego). meto las patas en el agua, también la mano, lo rescato, juntos nos sentamos en la orilla a escuchar la última canción mientras mi nuevo amigo se escurre. más fotos, acá. |
más o menos relacionado con
sudeste asiático,
tailandia,
viaje
viernes, abril 09, 2010
diez días
hace ya 10 días que estoy en tailandia y si bien tengo algunas cosas para contar, no sé muy bien por donde empezar.
todo parece pequeño y bonito. amigable, poco intrusivo... digamos que en los últimos 4 días no hablé con nadie, excepto por transacciones comerciales (comprar comida, conseguir hotel, encontrar un bus) y en los días previos sólo hablé con un local, mi guest en bangkok, una chica que vivió como 20 años en ee.uu. y si bien todos sonríen y saludan amablemente, casi nadie habla inglés, lo cual complica grandemente la interacción, aunque nadie parece muy interesado.
la oferta de comida es increíble: hay puestos callejeros por todos los rincones, abiertos a horas inesperadas. hay fideos, arroz por supuesto, salchichas, chorizos (que adentro a veces tienen arroz, mentirosos!!) , bolitas de pescado y de calamar, pollo, cerdo, calamares, langostinos, todos atravesados por palitos de brochette, que van a la parrilla o fritos. además hay frutas, que te venden pelada, cortada y en bolsitas: ananá, pomelo, sandía, mango, papaya... hay unas sandías que son amarillas por dentro y por supuesto muchas otras frutas cuyo nombre desconozco. hay además una pasión (que comparto) por el café frío y un montón de cosas dulces que aún no probé. todo lo envuelven primorosamente en cantidades irritantes de plástico descartable.
sino te gusta lo que venden ahí, existe 7/11, una cadena de mercados que venden poca cosa de comida (como un mercadito de estación de servicio, digamos) pero tienen aire acondicionado. no, no lo venden, lo tienen funcionando. y cuando afuera hacen 40 grados, es un placer entrar a darse una vuelta por las góndolas, ver que cosas uno ni piensa comprar y salir refrescado.
viajar es fácil, las estaciones de buses son pequeñas y ordenadas, y están impecables. las rutas están bien pavimentadas y señalizadas, y aunque los buses que tomé hasta ahora no eran muy nuevos, estaban super limpios. también los trenes, aunque hasta ahora tomé dos y uno se retrasó como hora y media (lo cual, para un trayecto de una hora es mucho).
los lugares donde estuve eran bonitos. asequibles, pequeños. nada del otro mundo.
inofensivos.
eso es, esa es la palabra: tailandia me parece inofensivo.
todo parece pequeño y bonito. amigable, poco intrusivo... digamos que en los últimos 4 días no hablé con nadie, excepto por transacciones comerciales (comprar comida, conseguir hotel, encontrar un bus) y en los días previos sólo hablé con un local, mi guest en bangkok, una chica que vivió como 20 años en ee.uu. y si bien todos sonríen y saludan amablemente, casi nadie habla inglés, lo cual complica grandemente la interacción, aunque nadie parece muy interesado.
la oferta de comida es increíble: hay puestos callejeros por todos los rincones, abiertos a horas inesperadas. hay fideos, arroz por supuesto, salchichas, chorizos (que adentro a veces tienen arroz, mentirosos!!) , bolitas de pescado y de calamar, pollo, cerdo, calamares, langostinos, todos atravesados por palitos de brochette, que van a la parrilla o fritos. además hay frutas, que te venden pelada, cortada y en bolsitas: ananá, pomelo, sandía, mango, papaya... hay unas sandías que son amarillas por dentro y por supuesto muchas otras frutas cuyo nombre desconozco. hay además una pasión (que comparto) por el café frío y un montón de cosas dulces que aún no probé. todo lo envuelven primorosamente en cantidades irritantes de plástico descartable.
sino te gusta lo que venden ahí, existe 7/11, una cadena de mercados que venden poca cosa de comida (como un mercadito de estación de servicio, digamos) pero tienen aire acondicionado. no, no lo venden, lo tienen funcionando. y cuando afuera hacen 40 grados, es un placer entrar a darse una vuelta por las góndolas, ver que cosas uno ni piensa comprar y salir refrescado.
viajar es fácil, las estaciones de buses son pequeñas y ordenadas, y están impecables. las rutas están bien pavimentadas y señalizadas, y aunque los buses que tomé hasta ahora no eran muy nuevos, estaban super limpios. también los trenes, aunque hasta ahora tomé dos y uno se retrasó como hora y media (lo cual, para un trayecto de una hora es mucho).
los lugares donde estuve eran bonitos. asequibles, pequeños. nada del otro mundo.
inofensivos.
eso es, esa es la palabra: tailandia me parece inofensivo.
martes, abril 06, 2010
cuando te regalan un reloj
cuando te regalan un reloj, dice don julio, te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.*
liberada ya de mi grillete electrónico indio (vendí mi móvil la noche antes de partir) carezco de elemento alguno que me indique la hora. sí, está bien, admito que es un tema que nunca me ha preocupado demasiado -bien lo saben los que mucho me han esperado- pero a veces hace falta, especialmente si uno pretende tomar un tren o colectivo que tenga la absurda intención de salir a una hora determinada (no como los buses en bolivia, que salen cuando se llenan... eso es atender a la demanda!).
el tema es que para no andar cargando con mi casi inútil, casi antediluviano nokia 1100 -digamos que la sim card no funciona, es como tener un "celular-pinocho"- únicamente para que me dé la hora, comencé a evaluar comprarme un reloj.
ví unos cuantos, me probé algunos, rechacé todos. mi muñeca se ve tan hermosa libre de ataduras horarias...
*extracto de Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, de Julio Cortázar
liberada ya de mi grillete electrónico indio (vendí mi móvil la noche antes de partir) carezco de elemento alguno que me indique la hora. sí, está bien, admito que es un tema que nunca me ha preocupado demasiado -bien lo saben los que mucho me han esperado- pero a veces hace falta, especialmente si uno pretende tomar un tren o colectivo que tenga la absurda intención de salir a una hora determinada (no como los buses en bolivia, que salen cuando se llenan... eso es atender a la demanda!).
el tema es que para no andar cargando con mi casi inútil, casi antediluviano nokia 1100 -digamos que la sim card no funciona, es como tener un "celular-pinocho"- únicamente para que me dé la hora, comencé a evaluar comprarme un reloj.
ví unos cuantos, me probé algunos, rechacé todos. mi muñeca se ve tan hermosa libre de ataduras horarias...
*extracto de Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, de Julio Cortázar
sábado, abril 03, 2010
same same but different*
en bangkok, la gente no lleva turbantes y usa zapatos. se sienta a comer en sillas, apoya los platos en mesas, usa cubiertos. tiene teléfonos celulares pero no se obsesiona con ellos ni va escuchando su música a todo volumen. pocos hablan inglés, pero pareciera que están acostumbrados a la presencia western: nadie te mira fijo como si recién hubieras bajado de un asteroide.
las chicas visten musculosas, minifaldas, minishorts, maquillajes, adornos en el pelo, pestañas postizas, lentes de contacto de color, tacos aguja. los muchachos parecieran ser númericamente inferiores; van de jeans, remera y peinados modernos. no hay mucha gente mayor en la calle (o todos tienen la piel muy tersa), tampoco ví muchos niños.
en las calles no hay vacas y los autos son nuevos en general, supongo que todos de origen japonés; los taxis son fucsias, verdes y turquesas. hay algunos tuks tuks pero no hay cycle-rickshaws, hay también mototaxis pero en ninguno de los casos te gritan para que te subas a uno.
las calles son en su mayoría rectas, no un entramado de callejas retorcidas; hay veredas para los peatones y sendas peatonales. el tránsito es ordenado, hay semáforos que todos respetan y nadie toca bocina. la gente no viaja en el techo de los buses sino adentro, los bondis llevan un número delante y se detienen en las paradas prefijadas cuando alguien toca el timbre, sin necesidad de golpear la pared o el techo. algunos hasta tienen aire acondicionado y tv.
hay muchos puestos callejeros de comida, pero no hay puestos de chai a cada paso, ni tampoco peluqueros, ni planchadores, ni zapateros, ni dentistas, ni herreros, ni costureros trabajando al aire libre. en cambio, sí hay infinidad de supermercados que están abiertos hasta tarde. y aunque los tachos de basura no abundan, las veredas están razonablemente limpias.
los puestos venden desde carne hasta frutas, fideos, café, jugos, la oferta es amplia y colorida. los que venden usan guantes y quizás barbijos en algunos casos, pinzas por supuesto. nada de envolver las cosas en hojas de árbol o papel de diario: todo viene primorosamente envuelto en plástico.
hay templos, claro, pero la religión no es el motor fundamental de la sociedad: nadie está cantando a las 4 de la mañana o haciendo pooja en su negocio a las 7 ni con una marca roja en la frente.
podría decir entonces que bangkok se parece bastante a cualquier otra ciudad occidental, podría decir entonces que se parece bastante a cualquier otra ciudad que he visto y/o habitado aparte de la india. por qué será que me sigue pareciendo tan extraña?
*same same but different: frase ultrarepetida en india cuya traducción literal es "igual igual pero diferente", y que sirve de ejemplo para las infinitas contradicciones indias.
las chicas visten musculosas, minifaldas, minishorts, maquillajes, adornos en el pelo, pestañas postizas, lentes de contacto de color, tacos aguja. los muchachos parecieran ser númericamente inferiores; van de jeans, remera y peinados modernos. no hay mucha gente mayor en la calle (o todos tienen la piel muy tersa), tampoco ví muchos niños.
en las calles no hay vacas y los autos son nuevos en general, supongo que todos de origen japonés; los taxis son fucsias, verdes y turquesas. hay algunos tuks tuks pero no hay cycle-rickshaws, hay también mototaxis pero en ninguno de los casos te gritan para que te subas a uno.
las calles son en su mayoría rectas, no un entramado de callejas retorcidas; hay veredas para los peatones y sendas peatonales. el tránsito es ordenado, hay semáforos que todos respetan y nadie toca bocina. la gente no viaja en el techo de los buses sino adentro, los bondis llevan un número delante y se detienen en las paradas prefijadas cuando alguien toca el timbre, sin necesidad de golpear la pared o el techo. algunos hasta tienen aire acondicionado y tv.
hay muchos puestos callejeros de comida, pero no hay puestos de chai a cada paso, ni tampoco peluqueros, ni planchadores, ni zapateros, ni dentistas, ni herreros, ni costureros trabajando al aire libre. en cambio, sí hay infinidad de supermercados que están abiertos hasta tarde. y aunque los tachos de basura no abundan, las veredas están razonablemente limpias.
los puestos venden desde carne hasta frutas, fideos, café, jugos, la oferta es amplia y colorida. los que venden usan guantes y quizás barbijos en algunos casos, pinzas por supuesto. nada de envolver las cosas en hojas de árbol o papel de diario: todo viene primorosamente envuelto en plástico.
hay templos, claro, pero la religión no es el motor fundamental de la sociedad: nadie está cantando a las 4 de la mañana o haciendo pooja en su negocio a las 7 ni con una marca roja en la frente.
podría decir entonces que bangkok se parece bastante a cualquier otra ciudad occidental, podría decir entonces que se parece bastante a cualquier otra ciudad que he visto y/o habitado aparte de la india. por qué será que me sigue pareciendo tan extraña?
*same same but different: frase ultrarepetida en india cuya traducción literal es "igual igual pero diferente", y que sirve de ejemplo para las infinitas contradicciones indias.
jueves, abril 01, 2010
todo nuevo
cuatro y media de la mañana suena el despertador como una broma de mal gusto, especialmente considerando que me acosté a las cuatro. ducha obligada con agua fría, aún de madrugada el clima de calcuta amerita una refrescada.
con esfuerzo cierro la mochila, a pesar de que acá me deshice de más 3 kg de carga.
con cierta pena, cierro la puerta de la última casa que me recibió como huésped en la india.
salgo a la calle, el sol no asoma aún, los pájaros reemplazan bellamente las bocinas ausentes, la calle está desconocidamente desierta.
espero el colectivo, los carteles están en hindi, los buitres tacheros se acercan ávidos, al final viene el bus. bajo en el aeropuerto, apuro el último chai en el estacionamiento, check in y a volar.
las azafatas van con saris, vemos una peli de bollywood. eso que se ve por la ventanilla es tailandia. tailandia! menos de dos horas y aterrizamos, justo antes de que termine la película. igual, seguro se quedaba con la chica.
el aeropuerto de bangkok es impresionante. hasta el baño tiene orquídeas! enorme, impecable, minimalista, todo de acero y cristal, absolutamente high tech. busco la oficina de visa on arrival, resulta que los argentinos no precisamos visa para entrar pero sí el certificado de la vacuna contra la fiebre amarilla. mmm, creo que lo tengo, pero... está en la mochila, que está del otro lado de migraciones. voy a migraciones, no me pueden dejar salir sin el certificado de la vacuna, no puedo presentar el certificado sino salgo. llaman a alguien de la aerolínea, me escoltan hasta la mochila, reviso el bolsillo donde debería estar. y, oh ironía, no está. manoteo otro certificado, vuelvo a cruzar migraciones, vuelvo a la oficina de control de salud. hay mucha gente por suerte, todos extienden sus cartoncitos amarillos, yo entrego el otro entre el pasaporte, la tarjeta de embarque y el papel de migraciones, hago una pregunta tonta, completo un papel más que me dan, sonrío mucho, milagrosamente me sella, vamos todavía, me estampa un sello precioso que dice que presenté el certificado, salgo casi corriendo con una sonrisa aún más grande, no sea cosa que se arrepienta, sino me tengo que dar otra vez la vacuna y sale como 70 pesos, vuelvo a migraciones, 90 días de estadía, una maravilla.
treinta y muchos grados hacen puertas afuera, me tomo un bus gratuito con aire acondicionado que me lleva hasta la terminal de buses dentro del aeropuerto, me tomo otro también con aire acondicionado hasta el centro. en el camino, edificios impecables, autos coloridos, nada parecido al paisaje que recorrí los últimos nueve meses.
bajo en el centro. parece disneylandia! todo es de colores brillantes, hay unos puestos de comida que nunca ví antes, las gentes parecen más bien japonesas o chinas, hay chicas hablando con chicos, no hay saris pero sí escotes y minifaldas, hay raros peinados nuevos y ropas fashion. como estar en un animé japonés tamaño real! estoy en estado de shock. creo que pasé demasiado tiempo en la india.
con esfuerzo cierro la mochila, a pesar de que acá me deshice de más 3 kg de carga.
con cierta pena, cierro la puerta de la última casa que me recibió como huésped en la india.
salgo a la calle, el sol no asoma aún, los pájaros reemplazan bellamente las bocinas ausentes, la calle está desconocidamente desierta.
espero el colectivo, los carteles están en hindi, los buitres tacheros se acercan ávidos, al final viene el bus. bajo en el aeropuerto, apuro el último chai en el estacionamiento, check in y a volar.
las azafatas van con saris, vemos una peli de bollywood. eso que se ve por la ventanilla es tailandia. tailandia! menos de dos horas y aterrizamos, justo antes de que termine la película. igual, seguro se quedaba con la chica.
el aeropuerto de bangkok es impresionante. hasta el baño tiene orquídeas! enorme, impecable, minimalista, todo de acero y cristal, absolutamente high tech. busco la oficina de visa on arrival, resulta que los argentinos no precisamos visa para entrar pero sí el certificado de la vacuna contra la fiebre amarilla. mmm, creo que lo tengo, pero... está en la mochila, que está del otro lado de migraciones. voy a migraciones, no me pueden dejar salir sin el certificado de la vacuna, no puedo presentar el certificado sino salgo. llaman a alguien de la aerolínea, me escoltan hasta la mochila, reviso el bolsillo donde debería estar. y, oh ironía, no está. manoteo otro certificado, vuelvo a cruzar migraciones, vuelvo a la oficina de control de salud. hay mucha gente por suerte, todos extienden sus cartoncitos amarillos, yo entrego el otro entre el pasaporte, la tarjeta de embarque y el papel de migraciones, hago una pregunta tonta, completo un papel más que me dan, sonrío mucho, milagrosamente me sella, vamos todavía, me estampa un sello precioso que dice que presenté el certificado, salgo casi corriendo con una sonrisa aún más grande, no sea cosa que se arrepienta, sino me tengo que dar otra vez la vacuna y sale como 70 pesos, vuelvo a migraciones, 90 días de estadía, una maravilla.
treinta y muchos grados hacen puertas afuera, me tomo un bus gratuito con aire acondicionado que me lleva hasta la terminal de buses dentro del aeropuerto, me tomo otro también con aire acondicionado hasta el centro. en el camino, edificios impecables, autos coloridos, nada parecido al paisaje que recorrí los últimos nueve meses.
bajo en el centro. parece disneylandia! todo es de colores brillantes, hay unos puestos de comida que nunca ví antes, las gentes parecen más bien japonesas o chinas, hay chicas hablando con chicos, no hay saris pero sí escotes y minifaldas, hay raros peinados nuevos y ropas fashion. como estar en un animé japonés tamaño real! estoy en estado de shock. creo que pasé demasiado tiempo en la india.
miércoles, marzo 31, 2010
this is the end
vaivén
este viaje termina
y recién empieza
eterno movimiento de los viajeros
que la despedida no opaque
lo brillante del encuentro
esto lo escribi hace ya tres años y lo releí esta tarde, cuando casi por casualidad un ejemplar de pequeño jardín regresó a mis manos. a veces me averguenzo y otras me desconozco cuando me leo, y en este caso, la primera frase quedó rebotando en el calor anestesico de calcuta.
este viaje se termina, si, porque ya el plan no es que era (si es que en algun momento hubo alguno mas o menos preciso), porque mañana vuelo a tailandia y porque de algun modo preciso ponerle punto final a esta etapa. a estos casi nueve meses intensos, ruidosos, coloridos, caoticos.
nueve meses. hace algunos minutos nada mas recibi un mail de buenos aires, confirmando que una mas de mis amigas esta embarazada, y ya es la cuarta, (la cuarta!)
en nueve meses, habra del otro lado del mundo, cuatro bebes recien nacidos. de este lado, la recien parida soy yo.
lunes, marzo 22, 2010
Your Kolkata - Bangkok one-way flight is confirmed.
eso dice el email que recibi hace dos minutos.
es oficial: el 1 de abril me voy a bangkok.
es oficial: el 1 de abril me voy a bangkok.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



1


