Subte, 19.30 hs. No hay mucha gente en el vagón, estamos llegando a Angel Gallardo. Pasa el vendedor de sahumerios. No sabría decir porqué, pero es un tipo que me cae bastante simpático, a pesar de que una vez tuve que tirar los sahumerios que le compré porque me daban dolor de cabeza.
Pasa entonces el vendedor, entregando los sahumerios y un papelito, mientras saluda a cada pasajero.
Más por reflejo que por compromiso, respondo: Hola.
Y el tipo se me queda mirando como si le hubiera prometido una maravilla, y me dice: Gracias por el saludo.
lunes, marzo 26, 2007
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2 aportes al desconcierto general.:
Yo también le compro.
Y eso que odio los sahumerios.
Sorprenderse de que alguien te saluda es una conducta habitual de la cotidianidad de Capital. Estamos al horno.
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