| luang prabang tiene no un río, sino dos que se juntan en una bella península. tiene casitas afrancesadas con techos rojos, callecitas cortas salpicadas de verde, orquídeas, monjes, bicicletas y baguettes. tiene además un puente viejo, un puente nuevo, y casi tantos restaurantes como templos. todos los días, antes del amanecer, los monjes salen de los templos con una especie de bolso-canasta. a la misma hora, los vecinos de luang prabang se sientan en un banquito o se arrodillan en las veredas de sus casas, con un coso (a falta de un término más apropiado) generalmente lleno de arroz cocido al vapor. los monjes entonces, en naranja hilera, al pasar por donde están estos vecinos, abren su bolso-canasta y el o la vecina en cuestión arrojan allí dentro un puñado de arroz. aunque a veces no hay sólo arroz, también se dan frutas o dulces. lo que no hay es contacto visual, ni gracias, ni nada. después los monjes vuelven al templo y, junto con otras vituallas, comparten el arroz recibido para el desayuno. gente rara. más fotos, acá. |
domingo, junio 13, 2010
el agente naranja
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sábado, junio 12, 2010
me repite la pregunta?
laos promete mucho más de lo que pensaba. llegamos a pakbeng justo antes de las 6 pm, después del primer día a bordo del bote, que fue bellísimo. nos ofrecieron un hotel por 100 bahts, lo vimos, estaba bien, nos quedamos. me dí una ducha y salí. apenas puse un pie en la puerta, me saludaron, me dieron charla, me ofrecieron un vaso de cerveza lao. super amigables!
caminé un poco, claro que la luz se había ido a otro lugar del planeta, igual era agradable caminar con el brillo azul que antecede la noche, reconocer el borde ondulado de las montañas, descubrir las primeras estrellas.
me encontré con mathias, mi eventual compañero de viaje, buscamos un lugar para cenar. no había muchas opciones. pasamos por un restaurant bien local, había una mesa en la vereda con unos 8 laosianos y un gringo sentados. el gringo también había viajado con nosotros en el barco, paramos a charlar.
nos ofrecieron cerveza, nos alcanzaron sillas, nos sentamos a cenar con ellos. sólo uno de ellos hablaba inglés y hacía de traductor, nos enseñó un montón de palabras en lao. parece increíble que sólo en la primera noche hablé con más locales que en dos meses en tailandia. y eso, para mí es una muy buena señal.
me tomé un par de vasos de beerlao, me preguntaron por la panza, por qué tengo panza. cómo porqué? no es obvio? porque como! porque tomo! odio cuando pasa eso, en india era igual. sin ningún prurito te disparan a quemarropa. una trata de disimular lo indisimulable, lo admito, pero de ahí a que te pregunten... no se lo pueden imaginar? en otros países la gente tiene un poco más de vergüenza ajena, caramba.
caminé un poco, claro que la luz se había ido a otro lugar del planeta, igual era agradable caminar con el brillo azul que antecede la noche, reconocer el borde ondulado de las montañas, descubrir las primeras estrellas.
me encontré con mathias, mi eventual compañero de viaje, buscamos un lugar para cenar. no había muchas opciones. pasamos por un restaurant bien local, había una mesa en la vereda con unos 8 laosianos y un gringo sentados. el gringo también había viajado con nosotros en el barco, paramos a charlar.
nos ofrecieron cerveza, nos alcanzaron sillas, nos sentamos a cenar con ellos. sólo uno de ellos hablaba inglés y hacía de traductor, nos enseñó un montón de palabras en lao. parece increíble que sólo en la primera noche hablé con más locales que en dos meses en tailandia. y eso, para mí es una muy buena señal.
me tomé un par de vasos de beerlao, me preguntaron por la panza, por qué tengo panza. cómo porqué? no es obvio? porque como! porque tomo! odio cuando pasa eso, en india era igual. sin ningún prurito te disparan a quemarropa. una trata de disimular lo indisimulable, lo admito, pero de ahí a que te pregunten... no se lo pueden imaginar? en otros países la gente tiene un poco más de vergüenza ajena, caramba.
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vida acuática
cuando escribo esto, estoy a bordo del bote lento con destino a luang prabang.son ocho horas hoy y ocho horas mañana. el paisaje es verde y ondulado, simple, magnífico. tomo el bote lento, porque voy lento, porque quiero extasiarme de paisajes, llenarme los ojos de escenarios desconocidos, llenarme el alma de colores nuevos, y descubrir en cada cosa nueva cuales son los ecos adentro.
hace un rato me senté en el borde del bote con los pies casi en el agua. aunque antes me parecía imposible, hoy disfruto inmensamente de la contemplación. el verde se desliza manso desde la costa, como una serpiente esmeralda que va ondulando al lado del río. el río mekhong es amplio y caudaloso, y con las útlimas lluvias está alto. marrón es el agua, pero limpia. cada tanto emergen unas rocas de la nada, filosas y desafiantes apuntan para arriba. son bellas. lo demás es verde profundo y montañoso, interrumpido por alguna casa de madera perdida cada tanto. desde la orilla nos saludan unos nenes, se están bañando desnudos en la costa.
el barco está mejor de lo que yo pensaba: es largo y de madera, abierto por los costados. la necesaria brisa se cuela fresca por todos lados y acaricia cálidamente.
está lleno de gringos tomando cerveza, ron, gin, vodka y vaya uno a saber que más desde que salimos. algunos son simpáticos, aunque está lejísimos de mi modo de viajar. mi modo, ahora, es lento.
hace un rato me senté en el borde del bote con los pies casi en el agua. aunque antes me parecía imposible, hoy disfruto inmensamente de la contemplación. el verde se desliza manso desde la costa, como una serpiente esmeralda que va ondulando al lado del río. el río mekhong es amplio y caudaloso, y con las útlimas lluvias está alto. marrón es el agua, pero limpia. cada tanto emergen unas rocas de la nada, filosas y desafiantes apuntan para arriba. son bellas. lo demás es verde profundo y montañoso, interrumpido por alguna casa de madera perdida cada tanto. desde la orilla nos saludan unos nenes, se están bañando desnudos en la costa.
el barco está mejor de lo que yo pensaba: es largo y de madera, abierto por los costados. la necesaria brisa se cuela fresca por todos lados y acaricia cálidamente.
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miércoles, junio 09, 2010
yendo pa' todos laos
sentada en un bar, apuro el último desayuno en tailandia.
en un rato voy a cruzar a laos. tomaré un bote que tarda dos dias en llegar a luang prabang, mi próxima parada .
no creo que vaya a extrañar mucho este país. siento que casi no me ha dejado marca.
más bien por el contrario, fue el espacio donde hizo eclosión el viaje a india.
estoy a punto de cumplir un año de viaje. y queda mucho más.
en un rato voy a cruzar a laos. tomaré un bote que tarda dos dias en llegar a luang prabang, mi próxima parada .
no creo que vaya a extrañar mucho este país. siento que casi no me ha dejado marca.
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domingo, junio 06, 2010
en mi cabeza
tengo piojos. ya sé donde me los pesqué, me los pasó germán cuando estábamos en ko lipeh. lindo regalo de cumpleaños! él me había contado que se los había contagiado no sé donde, en vietnam o por ahí, pero yo pensé que ya no tenía más. error. uf, hace un mes y medio que me pica la cabeza. lo comenté con mi mamá el mes pasado un día que skypeamos. ella sentenció enseguida: son piojos. yo me resistí a la idea. no es que nunca tuve piojos, obviamente, pero ahora tengo el pelo corto, che, piojos, media pila!
me acuerdo que en un viaje anterior me agarré piojos en italia, más exactamente en venecia. piojos ilustres los míos, viejo, esto es calidad, nunca un piojo de santa teresita, no señor. pues en italia fue relativamente fácil conseguir un peine fino en la farmacia, pero de esos de plástico malísimos. ya en alemania (el viaje seguía y con él, la picazón) la situación se había tornado insoportable, así que me resolví a comprar uno de esos de metal, que mejor lugar que berlín para conseguir un peine de acero inoxidable. pues no saben cuan divertido puede ser explicarle a un farmacéutico alemán que uno tiene piojos. casi tanto como explicárselo a uno tailandés.
pues en chiang mai me picaba tanto que una noche antes de ir a dormir me puse vinagre, el remedio más barato. supuse que al despertar, además del olor nauseabundo, iba a encontrar el tendal de bichos muertos, pero nada, lo cual me hizo pensar que me picaba por otras razones. aunque por unos días me dejó de picar y me olvidé.
en pai la picazón volvió con todo y tras varios días de olvidarme de hacerlo, compré un peine de ínfima calidad, pero no había otro.
la calidad se mide comparativamente, no? este peine me parece malo comparado con otros que he tenido o que he visto, o que he usado, o que recuerdo. ahora, si es el único disponible, tengo que asumir que es bueno?
repita 100 veces: es lo que hay, es lo que hay, es lo que hay.
bueh, me estoy pasando el peine y me saqué unos piojos gigantes, unos cuantos. me preocupa que con este peine no salen las liendres, o sea que me espera arduo y constante trabajo hasta erradicarlos. ponerme vinagre otra vez, quizás. pero si estoy con gente me da vergüenza admitirlo. tener piojos me arruina la imagen. y a mí, que me gusta lustrarla cada día y que nada la empañe, no la quiero estropear.
me acuerdo que en un viaje anterior me agarré piojos en italia, más exactamente en venecia. piojos ilustres los míos, viejo, esto es calidad, nunca un piojo de santa teresita, no señor. pues en italia fue relativamente fácil conseguir un peine fino en la farmacia, pero de esos de plástico malísimos. ya en alemania (el viaje seguía y con él, la picazón) la situación se había tornado insoportable, así que me resolví a comprar uno de esos de metal, que mejor lugar que berlín para conseguir un peine de acero inoxidable. pues no saben cuan divertido puede ser explicarle a un farmacéutico alemán que uno tiene piojos. casi tanto como explicárselo a uno tailandés.
pues en chiang mai me picaba tanto que una noche antes de ir a dormir me puse vinagre, el remedio más barato. supuse que al despertar, además del olor nauseabundo, iba a encontrar el tendal de bichos muertos, pero nada, lo cual me hizo pensar que me picaba por otras razones. aunque por unos días me dejó de picar y me olvidé.
en pai la picazón volvió con todo y tras varios días de olvidarme de hacerlo, compré un peine de ínfima calidad, pero no había otro.
la calidad se mide comparativamente, no? este peine me parece malo comparado con otros que he tenido o que he visto, o que he usado, o que recuerdo. ahora, si es el único disponible, tengo que asumir que es bueno?
repita 100 veces: es lo que hay, es lo que hay, es lo que hay.
bueh, me estoy pasando el peine y me saqué unos piojos gigantes, unos cuantos. me preocupa que con este peine no salen las liendres, o sea que me espera arduo y constante trabajo hasta erradicarlos. ponerme vinagre otra vez, quizás. pero si estoy con gente me da vergüenza admitirlo. tener piojos me arruina la imagen. y a mí, que me gusta lustrarla cada día y que nada la empañe, no la quiero estropear.
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domingo, mayo 23, 2010
love is dead
"en tailandia el amor está muerto", me dijo josefina, una uruguaya hermosa que conocí en pushkar, en mis últimos meses en la india. y parece que tiene razón.
muchos varones viajeros me confesaron que es casi imposible tener una relación con una mujer thai sin pagar, al menos un trago (aunque ninguno confesó haberlo hecho). a ver, no se trata de esperar una invitación del tipo ""estamos charlando, te invito a tomar algo", sino de exigir abiertamente una retribución, monetaria o en especias, por los servicios a prestar.
sin embargo, esto no parece desalentar a los "farang" (palabra thai para nombrar a los extranjeros, habitualmente pronunciada "falang". los tailandeses, como los chinos, no pueden pronunciar la r): todo western tiene su novia thai. en notoria diferencia con la india, donde es factible ver hombres indios con mujeres occidentales (jamás al revés), en tailandia sucede exactamente lo contrario, pero en cantidades abrumadoras.
con una histórica tradición en el tema (tailandia proveía sexo para los yankees en vietnam), la prostitución no pareciera ser un tabú. tampoco el transvestismo: los lady boys son marca registrada de tailandia y abundan.
las chicas (y sinceramente, algunos ladyboys también) tienen sus encantos, no lo voy a negar. son bonitas y muy femeninas. pero hay algo de artificial en esa belleza, de falso, de forzado.
un exceso de producción probablemente innecesario, de pestañas postizas y lentes de contacto de color, de pelo teñido de rubio y siliconas.
cuando volvía de ko phagnan, la última parte del trayecto la hice en un bus que tenía una especie de "salón comedor", una mesa rodeada de sillones. ahí viajamos un alemán, una inglesa, una pareja de isralíes, un húngaro, un yankee, dos ingleses, una chica tailandesa y yo. nuestro bus se había roto, y estábamos bastante desvelados tras tres horas en la ruta esperando el nuevo. esperamos en una estación de servicio, comprando porquerías para comer y tonteando. cuando llegó el recambio y nos acomodamos, uno propuso aprovechar la mesa y jugar a las cartas, y así lo hicimos. el húngaro invitó a la chica thai a jugar, ella respondió que no se sentía bien, que había estado vomitando, que estaba mal del estómago y se durmió. nosotros jugamos un rato largo, ya empezaba a aclarar cuando decidimos dormir.
como a las 7 am paramos para desayunar. la chica tai bajó del bus encaramada en sus tacos aguja y fue directo al baño. regresó perfectamente peinada y comenzó a maquillarse. hasta se arqueó las pestañas!
muchos varones viajeros me confesaron que es casi imposible tener una relación con una mujer thai sin pagar, al menos un trago (aunque ninguno confesó haberlo hecho). a ver, no se trata de esperar una invitación del tipo ""estamos charlando, te invito a tomar algo", sino de exigir abiertamente una retribución, monetaria o en especias, por los servicios a prestar.
con una histórica tradición en el tema (tailandia proveía sexo para los yankees en vietnam), la prostitución no pareciera ser un tabú. tampoco el transvestismo: los lady boys son marca registrada de tailandia y abundan.
las chicas (y sinceramente, algunos ladyboys también) tienen sus encantos, no lo voy a negar. son bonitas y muy femeninas. pero hay algo de artificial en esa belleza, de falso, de forzado.
un exceso de producción probablemente innecesario, de pestañas postizas y lentes de contacto de color, de pelo teñido de rubio y siliconas.
como a las 7 am paramos para desayunar. la chica tai bajó del bus encaramada en sus tacos aguja y fue directo al baño. regresó perfectamente peinada y comenzó a maquillarse. hasta se arqueó las pestañas!
it's all so quiet
no estoy haciendo gran cosa. conseguí un adorable bungalow frente al río. alquilé una bici un día (y debí caminar la mayor parte del trayecto cuesta arriba, solo para comprobar que no tenía frenos cuesta abajo). lavé bastante ropa, trabajé con unos libros de identity, me compré un libro de mitología griega y lo empecé a leer, me puse al día con algunos blogs amigos. desarmé la mochila íntegramente para arreglarla -la pobre acaba de cumplir 10 años y está pidiendo pista- tuve que emparcharla en varios lados pero está quedando bien.
hace calor. me acuesto tarde, me despierto ídem, duermo bastante. hablo con casi nadie, salgo poco. disfruto de mi casita silenciosa y con muchas ventanas, el río asoma por la puerta. el baño no tiene techo y cuando llueve, me ducho mitad con agua de la canilla y mitad con agua de lluvia. camino un poco (todo pai es caminable en cuestión de minutos), voy al mercado, compro frutas, canto. encontré una planta de jazmín y cada vez que paso por ahí me quedo respirando unos minutos su perfume.
cada atardecer llueve, y la noche, fresca como recién salida de la ducha, entra a raudales por la puerta-ventana con su coro de grillos y sapos.
estoy recargando las baterías. laos espera. por ahora, estoy en paz. digo, en pai.
martes, mayo 18, 2010
tengo la camisa roja
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viernes, mayo 14, 2010
ladrón que roba a ladrón...
sukhothai es la versión thai de hampi. una ciudad pequeña y amigable que hace muchos muchos años fue capital del imperio siamés, muchos pero muchos templos en ruinas en los alrededores, caseríos salpicados entre el verde. uf, que falta que me hacía un respiro de tanto cemento. cómo no me dí cuenta antes?
alquilo una bici, pedaleo por rutas impecables y desiertas. a los lados del camino, árboles, bosques, campos de arroz, casas de teca suspendidas sobre columnas, templos en ruinas. sawat dee kaa, saludo. la gente sonríe y yo sonrío también. un tema, éste de las sonrisas. tailandia es conocida como la tierra de las sonrisas, pero poco de eso había encontrado en la amargura de fin-de-fiesta de ko phagnan y la superficialidad cementicia de bangkok. "las tailandesas son sonrisas falsas" me dijo alguien, "sonríen por reflejo, pero no lo sienten". no me parece mal sonreír por reflejo, casi que yo también lo hago. pero lo de la falsedad... bueh, habrá que ver con que vara se juzga eso, pero si me dicen que sonríen porque quieren dinero, les digo que en ko phagnan ni se molestaban en fingir. no creo que estos que me sonríen por acá quieran dinero. es un vínculo demasiado fugaz el de uno que pasa en bici y otro que está en la calle, un encuentro efímero.
vuelvo de la pedaleada cansada y contenta, me cruzo con una pareja de españoles encantadores y luego con una chilena copada, vamos a cenar los tres al mercado, que gusto hablar en castellano, con la charla atraemos a tres mejicanos que están haciendo tiempo para que salga su bus, seis hispanoparlantes en la avenida principal de sukhothai.
a la mañana siguiente pongo el despertador, a ver si puedo esquivar el calor por unas horas y compensar con una siesta cuando el sol se pone inaguantable. a las 7 me hago la que no escucha, a las 8 me levanto tan dormida que la ducha no me despierta. no encuentro la llave del candado de la bici. repito el camino de la noche anterior, aprovecho para comprar unas frutas extrañas para desayunar. de la llave ni noticias. vuelvo a la habitación, reviso todo, estoy tan ofuscada que me acuesto a dormir otra vez.
son casi las 3 cuando me animo a salir. todavía me queda mucho para recorrer, tengo que encontrar una solución. reviso el candado nuevamente, la cadena es finita y de eslabones. simple: me voy a tener que autorobar. salgo a la calle, hay un negocio de reparación de no se qué, una pinza y un alicate me hacen señas desde el mostrador. se los pido, no, por favor, no, cinco minutos por favor, no, le dejo mi cédula de identidad como garantía, 5 minutos, ok.
me voy con las armas escondidas en actitud harto sospechosa, me llevo la bici fuera de la vista de la recepción del hotel y me siento a trabajar. 5 minutos, abro un eslabón de la cadena y listo.
devuelvo las herramientas evitando aparcar la bici en la puerta para que no sea tan obvio lo sucedido, kornkupkaa, gracias very much, me voy a pedalear entre budhas y árboles y templos flotantes.
antes de devolver la bici, compro un candado nuevo, lo engancho prolijamente y entrego la bici con una sonrisa. aquí no ha pasado nada.
alquilo una bici, pedaleo por rutas impecables y desiertas. a los lados del camino, árboles, bosques, campos de arroz, casas de teca suspendidas sobre columnas, templos en ruinas. sawat dee kaa, saludo. la gente sonríe y yo sonrío también. un tema, éste de las sonrisas. tailandia es conocida como la tierra de las sonrisas, pero poco de eso había encontrado en la amargura de fin-de-fiesta de ko phagnan y la superficialidad cementicia de bangkok. "las tailandesas son sonrisas falsas" me dijo alguien, "sonríen por reflejo, pero no lo sienten". no me parece mal sonreír por reflejo, casi que yo también lo hago. pero lo de la falsedad... bueh, habrá que ver con que vara se juzga eso, pero si me dicen que sonríen porque quieren dinero, les digo que en ko phagnan ni se molestaban en fingir. no creo que estos que me sonríen por acá quieran dinero. es un vínculo demasiado fugaz el de uno que pasa en bici y otro que está en la calle, un encuentro efímero.
vuelvo de la pedaleada cansada y contenta, me cruzo con una pareja de españoles encantadores y luego con una chilena copada, vamos a cenar los tres al mercado, que gusto hablar en castellano, con la charla atraemos a tres mejicanos que están haciendo tiempo para que salga su bus, seis hispanoparlantes en la avenida principal de sukhothai.
a la mañana siguiente pongo el despertador, a ver si puedo esquivar el calor por unas horas y compensar con una siesta cuando el sol se pone inaguantable. a las 7 me hago la que no escucha, a las 8 me levanto tan dormida que la ducha no me despierta. no encuentro la llave del candado de la bici. repito el camino de la noche anterior, aprovecho para comprar unas frutas extrañas para desayunar. de la llave ni noticias. vuelvo a la habitación, reviso todo, estoy tan ofuscada que me acuesto a dormir otra vez.
son casi las 3 cuando me animo a salir. todavía me queda mucho para recorrer, tengo que encontrar una solución. reviso el candado nuevamente, la cadena es finita y de eslabones. simple: me voy a tener que autorobar. salgo a la calle, hay un negocio de reparación de no se qué, una pinza y un alicate me hacen señas desde el mostrador. se los pido, no, por favor, no, cinco minutos por favor, no, le dejo mi cédula de identidad como garantía, 5 minutos, ok.
me voy con las armas escondidas en actitud harto sospechosa, me llevo la bici fuera de la vista de la recepción del hotel y me siento a trabajar. 5 minutos, abro un eslabón de la cadena y listo.
devuelvo las herramientas evitando aparcar la bici en la puerta para que no sea tan obvio lo sucedido, kornkupkaa, gracias very much, me voy a pedalear entre budhas y árboles y templos flotantes.
antes de devolver la bici, compro un candado nuevo, lo engancho prolijamente y entrego la bici con una sonrisa. aquí no ha pasado nada.
domingo, mayo 09, 2010
oídos sordos
bangkok me recibe con calor de hogar. demasiado quizás. llueve a cántaros y aún así el calor no afloja, aunque sirve para disimular el sudor. ya conozco el camino a N6, la casa couchsurfer que me alojó antes. es casi como un hostel, o como un zoo.
cinco pisos tapizados de colchones, muchos ventiladores y viajeros que van y vienen.
hay raras avis en esa fauna intermitente: lottie, una inglesa brillante que llegó minutos antes que yo, con la que compartimos colchón y sentido del humor; mathias, un sueco enamorado de la india con quien charlé muchas madrugadas y me dió la impresión de que lo conocía desde hacía años (y, causa o consecuencia, me hacía acordar muchísimo a ale); narcis, un catalán temperamental que preparaba tortilla de papas todas las noches.
la vida en n6 es como un jueves perpetuo (en el mundo donde los jueves sean así, claro). la gente va amaneciendo por oleadas, los trasnochados resucitamos después de las 11, alguien sugiere ir al supermercado a comprar algo para des-almorzar (podría decir brunch, pero es demasiado palermitano) y de paso disfrutar de unos minutos de aire acondicionado, otro prepara café, hoy el yankee cocina huevos revueltos, la canadiense pregunta por la visa para vietnam, yo quiero ir a andar en lancha colectiva, la alemana saluda porque se va para el sur, el sueco quiere ir a ver el budha reclinado,
todos sin excepción tenemos mucho pero mucho calor. como a las 3 salimos, si somos muchos vamos en taxi (que tiene aire acondicionado), si somos pocos en colectivo. después de las 7 estamos de vuelta, alguien se ofrece a cocinar, algunos ayudan, otros se hacen los otarios. "donde vamos hoy" es la pregunta, sukumvith o khao san rd., muchos gringos pero apuesta segura, mejor preguntamos a algún local, un día la pasamos bomba y otro nos arrepentimos de haber salido a la puerta. a la vuelta, té verde frío o caliente, había un chocolate por acá, otro que raspa la olla de la cena, cada uno con su pc contando las mismas cosas a amigos distintos por fb, cs, msn, tw o cualquier acrónimo que indique virtualidad.
el calor aplasta y amorfa, cuesta arrancar, cuesta pensar. ya estoy cansada de estar acá, tan cansada que me cuesta irme. hay algo venenoso en esta rutina que es siempre distinta y siempre la misma, van 4, 5 o 6 días, difícil distinguir entre tantos días iguales. me tengo que ir y no quiero, me quiero ir y no puedo, tengo fiaca de armar la mochila otra vez y no sé ni para dónde ir. me anoto como ayudante en curso de vipassana por acá cerca, uno, dos, tres días y no me responden; estoy corrigiendo/editando/escribiendo un libro para identity que no termina de terminarse, todo está suspendido, detenido en la humedad sofocante de bangkok.
hace como tres días que vengo anunciando mi partida, el domingo me despierto con algo parecido a una resolución, voy a averiguar por los pasajes.
antes de salir, llamo a los del vipassana, no tenemos más lugar. y porque no me avisaron por mail, lpmqt? tanta meditación y tan poca consideración por el otro? grrrr! ya me pus e de mal humor.
me separo del rebaño para ir a hualampong, la estación de tren. el pasaje que debía costar 70 sale 230 y me deja a las 4 am a dos horas en bus de donde quiero ir. creo que no es negocio, por esa plata seguro consigo bus directo. voy al encuentro de mis co-couchsurfers, llego justo a tiempo para averiguar que ya se fueron a otro lado, ya ni vale la pena el esfuerzo, mejor me voy a la terminal de buses, o donde creo que es la terminal de buses, parece que estoy muy equivocada pero no soy la única, cada indicación que me dan apunta a otro lado.
tras hora y media de caminar en círculos -la primera parte, con luz y por un parque precioso, la segunda, a oscuras y entre autopistas-, llego a la terminal. buses a sukhothai? sí, a las 9, 9.30, 10, 240 bahts... a las 11 un servicio vip, 400 bahts. son las 8 pasadas ya, entre ida y vuelta, ducha y armar la mochila no sé si llego, no me quiero arriesgar a comprar el pasaje. hay lugar a las 10? por ahora está vacío, perfecto, lo compro antes de salir.
vuelvo a la casa, no estoy contenta, no estoy segura, algo me dice que no me vaya, definitivamente no tengo ganas de moverme. pero ya es casi una cuestión de orgullo, armo la mochila así nomás, explotando por todos los cierres, me ducho en un segundo, me visto, me despido rapidísmo, me tomo una moto taxi, 50 bahts, sufro el camino con la mochila y mil bártulos colgando, llego 15 minutos antes de las 10. sukhothai? no hay más lugar. ni ahora ni a las once.
me río. me río mientras me tomo el bus de vuelta a n6. paso por un 7/11, me merezco un jugo de melón por mi mal día, y justo es el que no hay. me río más, vuelvo a la casa cansada, acalorada, sin jugo y sin pasaje pero me río, y es que yo sabía que no era el día, no era el día para irse, y muchas veces me lo dije, pero no me escuché.
cinco pisos tapizados de colchones, muchos ventiladores y viajeros que van y vienen.
hay raras avis en esa fauna intermitente: lottie, una inglesa brillante que llegó minutos antes que yo, con la que compartimos colchón y sentido del humor; mathias, un sueco enamorado de la india con quien charlé muchas madrugadas y me dió la impresión de que lo conocía desde hacía años (y, causa o consecuencia, me hacía acordar muchísimo a ale); narcis, un catalán temperamental que preparaba tortilla de papas todas las noches.
la vida en n6 es como un jueves perpetuo (en el mundo donde los jueves sean así, claro). la gente va amaneciendo por oleadas, los trasnochados resucitamos después de las 11, alguien sugiere ir al supermercado a comprar algo para des-almorzar (podría decir brunch, pero es demasiado palermitano) y de paso disfrutar de unos minutos de aire acondicionado, otro prepara café, hoy el yankee cocina huevos revueltos, la canadiense pregunta por la visa para vietnam, yo quiero ir a andar en lancha colectiva, la alemana saluda porque se va para el sur, el sueco quiere ir a ver el budha reclinado,
todos sin excepción tenemos mucho pero mucho calor. como a las 3 salimos, si somos muchos vamos en taxi (que tiene aire acondicionado), si somos pocos en colectivo. después de las 7 estamos de vuelta, alguien se ofrece a cocinar, algunos ayudan, otros se hacen los otarios. "donde vamos hoy" es la pregunta, sukumvith o khao san rd., muchos gringos pero apuesta segura, mejor preguntamos a algún local, un día la pasamos bomba y otro nos arrepentimos de haber salido a la puerta. a la vuelta, té verde frío o caliente, había un chocolate por acá, otro que raspa la olla de la cena, cada uno con su pc contando las mismas cosas a amigos distintos por fb, cs, msn, tw o cualquier acrónimo que indique virtualidad.
el calor aplasta y amorfa, cuesta arrancar, cuesta pensar. ya estoy cansada de estar acá, tan cansada que me cuesta irme. hay algo venenoso en esta rutina que es siempre distinta y siempre la misma, van 4, 5 o 6 días, difícil distinguir entre tantos días iguales. me tengo que ir y no quiero, me quiero ir y no puedo, tengo fiaca de armar la mochila otra vez y no sé ni para dónde ir. me anoto como ayudante en curso de vipassana por acá cerca, uno, dos, tres días y no me responden; estoy corrigiendo/editando/escribiendo un libro para identity que no termina de terminarse, todo está suspendido, detenido en la humedad sofocante de bangkok.
hace como tres días que vengo anunciando mi partida, el domingo me despierto con algo parecido a una resolución, voy a averiguar por los pasajes.
antes de salir, llamo a los del vipassana, no tenemos más lugar. y porque no me avisaron por mail, lpmqt? tanta meditación y tan poca consideración por el otro? grrrr! ya me pus e de mal humor.
me separo del rebaño para ir a hualampong, la estación de tren. el pasaje que debía costar 70 sale 230 y me deja a las 4 am a dos horas en bus de donde quiero ir. creo que no es negocio, por esa plata seguro consigo bus directo. voy al encuentro de mis co-couchsurfers, llego justo a tiempo para averiguar que ya se fueron a otro lado, ya ni vale la pena el esfuerzo, mejor me voy a la terminal de buses, o donde creo que es la terminal de buses, parece que estoy muy equivocada pero no soy la única, cada indicación que me dan apunta a otro lado.
tras hora y media de caminar en círculos -la primera parte, con luz y por un parque precioso, la segunda, a oscuras y entre autopistas-, llego a la terminal. buses a sukhothai? sí, a las 9, 9.30, 10, 240 bahts... a las 11 un servicio vip, 400 bahts. son las 8 pasadas ya, entre ida y vuelta, ducha y armar la mochila no sé si llego, no me quiero arriesgar a comprar el pasaje. hay lugar a las 10? por ahora está vacío, perfecto, lo compro antes de salir.
vuelvo a la casa, no estoy contenta, no estoy segura, algo me dice que no me vaya, definitivamente no tengo ganas de moverme. pero ya es casi una cuestión de orgullo, armo la mochila así nomás, explotando por todos los cierres, me ducho en un segundo, me visto, me despido rapidísmo, me tomo una moto taxi, 50 bahts, sufro el camino con la mochila y mil bártulos colgando, llego 15 minutos antes de las 10. sukhothai? no hay más lugar. ni ahora ni a las once.
me río. me río mientras me tomo el bus de vuelta a n6. paso por un 7/11, me merezco un jugo de melón por mi mal día, y justo es el que no hay. me río más, vuelvo a la casa cansada, acalorada, sin jugo y sin pasaje pero me río, y es que yo sabía que no era el día, no era el día para irse, y muchas veces me lo dije, pero no me escuché.
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