miércoles, agosto 11, 2010

caí

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trato sin éxito de subir las fotos de los guerreros de terracota, en xi-an.
súbitamente caigo en cuenta que estas fotos las saqué yo, que no lo ví en national geographic, que estuve ahí, yo misma, que estoy en china.
y ya hace un mes.

lunes, agosto 09, 2010

pueblos muertos, pueblos vivos

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de xian nos fuimos a danjigiacun en tren nocturno. por una vez viajamos en cama hasta hancheng, un viaje corto, menos de 5 horas creo, salimos recién como a las tres, esperando adormilados en la estación atestada y roñosa, al tren retrasado. dormimos igual, en las literas altas, en distintos compartimientos.
al llegar, un sol desnudo de rayos se recortaba perfecto como una yema de huevo en el cielo uniformemente gris. ahí nomás tomamos una combi para danji, o para el camino a danji. nos bajamos en la ruta, y luego de dos kilómetros de caminata llegamos a un pueblo pardo hundido en una hondonada polvorienta. tardamos un rato en encontrar alojamiento, vamos entrando en todas las casas diciendo binguan (casa de huéspedes), obvio que el inglés es inútil, todas las casas son iguales, la puerta doble a un zaguán que disimula el patio amplísimo al que asoman todas las habitaciones. miramos dos o tres lugares, o muy caros o muy horripilantes, los baños son siempre la peor parte, al final caemos en casa de una abuela despótica y un niño terrible, nos ofrecen una habitación por 20 yuanes y la tomamos. el baño es un cuartito con un agujero en el piso y sin agua, al lado hay una montaña de tierra y una pala ancha, diy, la ducha, un fuentón que terminamos usando en la terraza en un baño doblemente refrescante. el servicio es con pensión completa, desayuno, almuerzo y cena, la comida típica, vegetales fritos variaditos, zuchinis, chauchas, papas, tomates, huevos revueltos con algo verde y carne de cerdo, y el infaltable arroz blanco aburridísimo que no hay modo que lo trague. la señora se preocupa porque no como arroz, nos quiere hacer morfar hasta las orejas, fuera de las comidas nos da sopa, pan, galletas, el nieto se la pasa revoloteando con una jeringa llena de agua con la que amenaza a un gatito mugroso.
caminamos ida y vuelta, arriba y abajo, por callejuelas estrechísimas tapizadas de piedra, el verde es casi una noción desconocida. el pueblo es antiquísimo, como si se hubiera detenido en el tiempo, hay nomás viejos y chicos, pareciera que las generaciones intermedias han huido, portales viejos con carteles que alguna vez fueron rojos, herrumbre en todos los cerrojos, muchas de las casas están cerradas con candado. es lindo pero hay algo como muerto, hasta el agua del río se ha olvidado de venir y un puente cruza inútil una raja de piedra inundada de yuyos. al día siguiente armamos la mochila y nos vamos.

llegamos a hancheng, la estación más cercana, con la idea de tomar un tren a pingyao que no saldrá hasta el día siguiente hasta las 4 de la tarde, cuanto nos cuesta hacernos entender y entender al tipo de la estación. salimos algo desahuciados, suponíamos que había un tren a la tarde, ahora estamos en hancheng, que es una masa de polvo flotante con edificios, con la lonely planet en la mano y ni idea de que hacer.
todos nos miran, alguien nos habla en inglés, can i help you?, es una chica embarazada encantadora, nos acompaña de vuelta a la estación de tren, confirmamos que no hay tren hoy pero si mañana a las 6.40, nos acompaña luego a un hotel, no responde nadie, luego aparece casi bostezando una chica más blanca que un papel con las pestañas postizas todas pegoteadas. nuestra heroína pide un cuarto, mira con nosotros la habitación y nos confirma el precio. queremos invitarla un helado o un té en agradecimiento, no, no, welcome to my country, nos dice al despedirse.

dejamos las cosas y nos vamos de caminata, parece que tras el polvo hay una parte vieja, ahí vamos, que gusto da dejar atrás los edificios de cerámicos blancos y carteles luminosos, desembocamos en algo que parece un mercado nocturno, hay montón de puestos de comida, me gusta este rincón tan auténtico, tan chino, tan no-para-turistas, vamos causando sensación a cada paso, definitivamente esta gente nunca vio a nadie con ojos no achinados, damos una par de vueltas entre los puestos eligiendo el menú para la cena en vivo y en directo, mucho mejor que cualquier foto menú.

domingo, agosto 01, 2010

fideos, abanicos y mucho, pero mucho calor

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8 pm una nube de taxistas nos espera al bajar del bus en langzhong. hace un calor grosero. me niego, debe haber un bus local. vamos con nuestra libretita con dos palabras clave: lancheng, ciudad vieja, y quiche, bus local. al fin nos desprendemos de los taxistas y nos subimos al primer bus que pasa, muy lejos no nos debe dejar.
langzhong es una ciudad antigua (venimos haciendo adrede un recorrido por pueblos tradicionales), o más bien es una ciudad moderna que tiene una parte antigua muy linda y bien preservada. al menos eso es lo que hemos leído.
vamos por una avenida amplia, claramente hacia el centro, el chofer nos dice que nos bajemos en un punto y caminemos hacia la izquierda. son todos edificios, esto no parece el pueblito idílico cuya descripción leímos, es difícil saber en la oscuridad y sin mapa, volvemos a preguntar, doblamos acá, de pronto el horizonte se va aplanando, el asfalto transmuta en losas de piedra, los neones en farolitos rojos, las vidrieras en puertas de madera labrada.
la mañana confirma las sospechas, el lugar es lindísimo. me levanto temprano, jonathan se queda durmiendo, y con la cara de dormida que tengo, me mimetizo entre la multitud de ojos rasgados. no hay turistas, ni chinos ni extranjeros, o al menos no los veo. 7.30 está todo el mundo en la calle con su botellita de té en mano, a las 11 el calor será tal que no quedrá otra que la reclusión. por todos lados venden fideos que amasan ahí mismo y a mano, y una especie de panes al vapor rellenos, además de unas madalenas que saben exactamente como vainillas. hay sandías, uvas, duraznos y una mezcla entre manzanas y peras, hay patos, gallinas y peces, en el mercado suena como una música, en varias tablas de madera zapatean cuchillas sobre carne y especias, percusión inesperada.
a la tarde otra vez caminata, hay casas tradicionales cuyos patios sombríos se pueden visitar, hay plátanos en las veredas y un paseo junto al río. son quizás las 7 pm, aún hace mucho, mucho, pero mucho calor. todos los chinos van con su abanico en mano, me recuerdan a mis abuelos correntinos y su pantallita (y no pantashita, como pronunciamos los porteños). es gracioso por un momento concentrarse únicamente en el aleteo conjunto e involuntariamente acompasado de todas esas alas solteras en tantas manos distintas, como si estuvieran agitando al unísono la realidad para que el tiempo no se quede dormido en el sopor de la tarde y traiga sin demoras el esperado alivio de la noche.

más fotos acá. (conseguí un programita para poder usar blogger, picasa, facebook y la mar en coche!)

jueves, julio 29, 2010

catarsis

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china me da alergia. una vez más ataca de nuevo la vieja rinitis alérgica que tanto me supo torturar y que pensaba felizmente olvidada. estoy enferma y desde hace varios días, la nariz como una catarata de agua mocosa, dolor de garganta, de estómago, de cuerpo. siento que el cuerpo me está reclamando y mucho, hay algo que no estoy haciendo bien, no consigo ordenar mi alimentación y nos estamos moviendo todo el tiempo, uno o dos días en cada lado, y como las distancias son gigantes, cada movimiento son otros dos días en la ruta, durmiendo en el tren, o en un bote o en una ciudad cualquiera en el medio de la nada.
siento que china está está empujando todos mis límites, de tolerancia, de paciencia, físicos, mentales.
ellos son un asco con su escupir constante, sucios, tiran todo en cualquier lado, son ruidosos, gritan mucho, hacen ruido al comer, desagradables. por suerte no huelen mal, eso sería el acabose, pero viajar con ellos escuchándolos escupir y comer y gritar y tirando todo al piso hay días que me resulta imbancable. hay que verlos en un restaurant, terminan sentados en medio de un tendal de botellas, servilletas, platitos y desperdicios derramados entre la mesa y el piso, como un nido de mugre. por otro lado, sin embargo, suelen ser súper amables, especialmente si hablan inglés, se preocupan, te indican, te acompañan.
además está el clima, hay una humedad que hace que buenos aires parezca el desierto de gobi (responsable número uno de mi estado alérgico-gripal) y un calor sencillamente aplastante, de esos que aún sentado en la vereda a las 12 de la noche te hacen transpirar como en un sauna. todo se vuelve irremediablemente lento, cansino, pegajoso.
después está el tema del lenguaje, barrera casi infranqueable en todo momento. vamos aferrados a un libro de frases en chino cual biblia, además de un cuadernito lleno de palotes chinos donde vamos anotando cosas: estación de tren, fideos, hotel, pollo, a qué hora sale el bus. es más fácil mostrarles el papel escrito que intentar pronunciar en chino, resultamos ininteligibles el 99% de las veces. a la hora de comer se nos complica grandemente, vamos buscando menúes con fotos o nos resignamos a comer cualquier cosa que nos traigan, y considerando que comen patas de pato, nariz de chancho, intestinos, rabo, lengua y un montón de cosas que no quisiera ver cerca de mi plato, hay que ser cuidadoso en la elección. por suerte, de a poco nos vamos familiarizando con algunos símbolos, ya podemos distinguir los que significan verduras, tofu, carne, arroz e intestinos de cerdo, que no es poco.
la paciencia es otro tema, esto de que para ir de un lugar a otro hay que tomar cuatro buses y dos trenes, y entre medio moverse de una terminal de bus a la otra y de ahí a la de tren en buses locales me está resultando agotador. por ejemplo, salimos de yumuzhai para ir a langzhong, de yumuzhai vamos a wanzhou pero a la estación de buses sur, de ahí tenemos que ir a la del norte, de la del norte salen buses sólo a las 10 pm, vamos a probar con el tren, para la terminal de tren tenemos que tomar dos buses locales, el tren salía a las 11.30 am o a las 8 pm pero llegando a las 2 am, así que mejor tomar el de las 11 y pasar la noche en wanzhou, ahora hay que buscar un hotel. el tren tampoco nos llevará a donde vamos sino a otro lado, donde llegaremos a las 4.30 pm y luego debemos tomar un bus, obviamente que habrá que ir de la terminal de tren a la de bus ahí también, y luego del bus de larga distancia, llegar a las 9 de la noche para buscar el bus urbano que nos lleve al centro y encontrar un hotel, y cada vez es un desgaste intenso de papelitos e incomprensión.
qué si me gusta la china? me encanta. pero me hacía falta la descarga.

miércoles, julio 28, 2010

sube y baja

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de pedo nos enteramos que teníamos que bajar del barco, habíamos llegado a wanzhou.
en la terminal de ferries mientras averiguamos como ir a moudao para poder llegar a yumuzhai, un pueblo perdido en medio de la montaña, nos cruzamos con un tipo chino que hablaba un poco de inglés. él estaba de turista también, recogió las indicaciones y nos acompañó hasta la parada del bus, él también tenía que tomar uno ahí. subimos a nuestro bus con rumbo a la terminal sur, almorzamos por ahí, sacamos el boleto a moudao, de pronto se aparece el chino diciendo que nos estaba buscando, que se venía con nosotros.
sin dudas está bueno ir con un local que te hace de intérprete, pero había algo ahí, no sé qué, como que no me caía bien. no escupía por suerte, aunque sí hacía ruido al comer, después de todo era chino también. antes de llegar a moudao alguien le dijo que podía bajar del bondi y escalar hasta yumuzhai por la montaña, lo miré a jonathan con cara de "ni en pedo, andá vos si querés", nos quedamos en el bus y el chino se bajó. nosotros seguimos hasta donde debíamos, en tres minutos estábamos rodeados por un montón de chinos que nos miraban como si hubiéramos estacionado la nave espacial segundos antes, tenemos que tomar otro bus a tashi y ahí vemos. una hora más en otro bus, hay un chico que habla un poco de inglés, son muy tiernos éstos que hablan un poco, porque se mueren por practicar pero les tiembla la voz al hablar. resulta que en el bus va una chica que tiene un hotel en yumuzhai, sólo tenemos que seguirla. para cuando llegamos a tashi ya estamos arriba de todo de la montaña y el camino hasta yumuzhai es bella, levemente ondulado y verde. el cielo es verdaderamente azul acá o hace muchos días venimos de gris en gris, caminamos una horita quizá con las mochilas encima siguiendo a la muchachita en silencio hasta el portal de piedra que custodia la entrada a yumuzhai. el camino zigzaguea entre arrozales y maizales, tras un rato más de marcha llegamos a la casa, el chino escalador está sentado en la puerta, éste es el único hotel del caserío.
la señora es un encanto, la habitación confortable y barata, la cena está lista con una profusión de platos coloridos. todo es saltado en grasa, el colesterol es una noción desconocida. hay panceta ahumada saltada con vegetales, hojas verdes, chauchas de dos clases, pollo con vegetales, puchero de gallina, papas saltadas, maníes fritos, algo que es como grasa de cerdo hecha milanesa y obviamente arroz, además de un aguardiente fuertísimo de maíz.
arquitectónicamente el lugar carece del encanto de dehang o fenghuang, pero compensa ampliamente con la paz circundante y el ambiente hogareño de nuestro hospedaje. yo me enfermé bastante, pagué caro la humedad profunda y mohosa de fenghuang y dehang, un concierto de estornudos, mocos y tos, así que me pasé el día siguiente sin ir muy lejos de la casa, más bien en la cocina con la señora, tomando té de jengibre y mirándola frotar la grasa y el hollín pegoteados en los pedazos de cerdo ahumado que bajó del ático, acomodando la leña en la cocina y cocinando otra vez mil y un platitos diferentes. parece que en china debe haber al menos un plato diferente por cada comensal, luego se ponen todos en el medio y se comparten, "pinchando" directamente con los palitos desde la fuente. a su vez, cada uno tiene un bol pequeñito que va lleno de arroz y sirve de "trampolín" entre la fuente y la boca.
jonathan y el chino hablan por horas, a mí me cuesta seguir la charla entre tantos mocos, el chino además nos hace de traductor con la familia que se suma a la cena con nosotros, excepto la muchachita que se va a ver la tele. los adolescentes son así en la china también.
el tercer día emprendemos la partida, ya que es cuesta abajo resolvemos bajar por donde vino el chino (perdón, me dijo su nombre pero no lo registré. negación quizás) y ahorrarnos pasar por tashi. antes de irnos me agarré una diarrea espantosa que me obligó a pasar de largo el desayuno. o sea que la bajada era en ayunas, con diarrea y resfriada bajo un calor insoportable y con 20 kg en la espalda: un estado deplorable. fue una prueba horrenda, no podía respirar con la puta alergia, los mocos colgando, la mochila y unas escaleras irregulares de piedra interminables bajo el sol aniquilante del mediodía. en un momento me quedé atrás, medio me perdí entre unas casas, me ladraban unos perros, me resbalé y luego no me podía levantar con la mochila. lloré, lloré adivinando los escalones ente mocos y lágrimas, las piernas temblando, empapada de sudor y dolor. al final logré llegar abajo de todo, jonathan me esperaba con una sprite fría, obvio que hoy las piernas me duelen montón, supongo que de todo se aprende, algún día lo recordaré como una proeza, o como una estupidez.

lunes, julio 26, 2010

navegante

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de dehang nos vamos para yichang. descartamos chongquing, primero porque es una ciudad enorme en la que parece que no hay nada para ver, segundo porque dicen que es un horno. yo igual quisiera ver las 3 gargantas y navegar por el yangzhi, el segundo más largo sistema navegable del mundo, parece que podemos hacerlo desde yichang hasta wanzhou, son 16 horas de barco. sino podemos, ahí tenemos tren para xian o para algún lugar cerca de langzhong, donde sea que queramos ir.
nuestro tren sale a las 3 menos veinte de la madrugada, no es el mejor pero sino llegaríamos a la noche lo cual es aún peor.
el lugar para esperar es horrible y sucio, y el tren también, hace un calor insoportable, dormimos nada. llegamos a yichang a la mañana, llueve mucho, supuestamente a 100 mts pasa un bus que nos lleva a la terminal de ferries, dudamos si tomarlo, dudamos si tomar el ferry con este clima, quizá no vale la pena subirse a un bote para ver el panorama is no podemos salir de adentro de los camarotes. la lluvia para, vamos a buscar el bus, uno dice una cosa, otro dice otra, todos dicen no, vagamos con las mochilas, es una complicación subir a preguntar a los buses con todos los bártulos papelito en mano, ellos nomás dicen no con la mano y la cabeza, no no, esperamos, pasa uno, otro, no sabemos a quien preguntar, al final tomamos un taxi, 40 yenes que es una noche de hotel o una muy buena cena o quizás ambas cosas, no hace falta que diga que estoy recaliente, obvio que todos los buses que nos habían dicho que no sí pasaban por acá, los muy putos. yo no es que insista con los bondis por capricho, pero 40 yenes es un lujo que no me puedo dar, 20 cada uno cuando podríamos pagar 1, mi presupuesto es de 65 por día, no puedo destinar un tercio a un taxi que podría reemplazar por un bus. ya sé que es una cagada esperar con la mochila, tras una noche de mal dormir, que nadie te dé pelota, no saber donde ir, ni cómo, pero es parte de viajar.
llegamos a terminal de ferries, ya sabemos que el tren a xian sale a las 6 pm, tenemos 6 horas para decidir, el ferry sale a las 4.30, a mí de verdad que me hace ilusión navegar, jonathan luego quiere ir a un lugar llamado yumuzhai y el barco nos dejaría bastante cerca, compramos los pasajes, cuarta clase.
a las 4.20 en vez de barco nos subimos un bus, una hora pasa y nos empezamos a preguntar si de verdad vamos a ir en bote o en bus, quizás compramos pasaje en bus, al final sí vamos al bote, nos toca un camarote muy cerca del motor con 6 camas, nos vamos a la cubierta, hablamos nada, tomamos té, miramos nomás el paisaje flotar a los lados y la basura arremolinarse en la superficie del agua, el río es una hondonada profunda entre paredes de roca. me gusta mucho navegar, he descubierto, especialmente tras el viaje de ching khong a luang prabang. es como moverse sin moverse, como deslizarse en un tiempo líquido, como viajar en una coordenada diferente donde el tiempo va más lento.
apenas oscurece cuando decidimos comer nuestros fideos deshidratados, vamos a la cubierta más alta, no hay casi nadie excepto la luna llena.

viernes, julio 23, 2010

río de agua viva

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de fenghuang tres buses mediante seguimos a dehang, y diría que es exactamente lo que vinimos a buscar, si es que veníamos a buscar algo.
es turístico, sí, pero lo suficientemente pequeño como para que no se note: un puñado de casas de madera y piedra apiñadas a los lados del río en una especie de cañadón verde, sin luces de neón ni calles. hay algunos hoteles, nada ostentosos, dos o tres restaurantes (en los mismos hoteles) y algunos negocios de artesanías. hay muchos hombres tejiendo canastos de bambú y muchos patos.
nuestro hotel está pegado al puente de piedra, debajo de él todo sucede: hay gente lavándose los dientes, enjuagando vegetales, nenes bañandose, mujeres lavando ropa, otros desplumando un pato, muchos otros patos vivos nadando, y humanos también. toman el agua y tiran la mugre todo en el mismo lugar, la vida pasa por el río, si además tirasen las cenizas de los muertos, creería que estamos en india.
hacemos unas caminatas a lo largo del río, una de ellas termina en una catarata impresionante, un salto de agua desde un risco altísimo, el más alto de la china, 213 metros o algo así, el agua no es mucha pero basta para llenar una laguna verde a sus pies. llegamos al mediodía, ahora sí se notan los turistas, están todos acá, sentaditos en el borde, parece que mucho no les gusta nadar. nos damos la vuelta a la pileta, del otro lado hay menos gente, dejamos las cosas, nadamos hasta que no queda nadie.

miércoles, julio 21, 2010

pasión de multitudes

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feng huang era tal como lo imaginábamos: un montón de casitas tradicionales enroscadas en encantador laberinto, un río, muchos puestos de porquerías típicas para turistas y una cantidad obscena de turistas chinos.
curiosamente casi no hay turistas no chinos. es más, en un lugar no nos quisieron alojar porque no éramos chinos. la barrera comunicacional se hace sentir. por suerte, wang y su amigo aún andan en cercanías y con su ayuda conseguimos un lugar bueno, bonito y barato, salimos a caminar.
hay caramelos de miel y jengibre riquísimos, kiwis confitados, carnes ahumadas (especialmente cabezas de cerdo enteras, aplanadas y ahumadas cual horrendas máscaras comestibles), restaurantes con jaulas con todos los bichos vivos a modo de menú en la puerta, y cuando digo todos incluyo peces, víboras, patos, pollos, faisanes, algo que me pareció un topo, chanchitos de guinea, conejos, algo que parecía un zorrito y hasta un gato, horrible, y otros restaurantes o más bien parrillass callejera, donde uno elige lo que quiere tirar en la parrilla entre pescado, calamares, cerdo, pollo, salchichas, lechón ahumado (en este caso ya está todo muerto y sazonado) y también montón de vegetales, hongos varios, berenjenas, bambú, chauchas, hojas verdes, tofu y otro montón de cosas que no sé cómo se llaman. hay además artículos de propaganda comunista, peines de asta, pilcha, sombreros y, elemental, baratijas chinas.
sin embargo, a pesar de la parafernalia turística, es innegable el encanto de los techos negros de tejas curvándose hacia arriba en grácil desafío a la gravedad, las puertas de madera oscura flanqueada por carteles de buen augurio, las lámparas redondas y rojas como cerezas gigantes flotando en todas los portales, las callecitas angostas e intrincadas tapizadas de piedra, el puente iluminado recortándose sobre el río azulverdoso dismulado apenas tras un velo de niebla y unas góndolas símil venecianas para completar la postal romántica. pero cuando tan delicioso entorno está inundado por un hormiguero de turistas chinos, bueh, es otro tema.
resuelvo poner el despertador temprano, dar un paseo a esas horas cuando todo aún duerme, tener la ciudad para mí sola un rato. ilusa! 6.30 am suena el coso, 7 am pongo un pie en la calle, a 20 metros nomás me llegan ya las instrucciones en chino de la guía turística, ya están todos los contingentes en la calle, las góndolas llenas de turistas, los puentes atestados de chinos sacándose fotos con ropas típicas, no, no quiero una foto para mí, no, gracias, pero silencio, un poco de silencio, no sabe dónde puedo conseguir?

martes, julio 20, 2010

lost in translation

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cad vez que queremos ir de un lugar a otro, sabemos que nos esperan unas cuantas combinaciones.
de del verde arrocero de ping'an queremos ir a feng huang, bastante más grande y más turístico, pero promete techitos terminados hacia arriba y callecitas antiguas. salimos de ping'an no muy temprano, el bus sale a la una recién, calmadamente, bajo una garúa fina, bajamos la cuesta que tanto costó subir con las mochilas hasta el estacionamiento, el punto donde pueden llegar los autos, y justamente donde se toman los buses. pareciera que es mucho más simple bajar que subir, y sin dudas es así para nuestra capacidad aérobica, pero las patitas dolerán mañana, lo sé.
a la una tomamos el bus a no sabemos muy bien donde, pero donde podemos tomar otro bus para ir a otra ciudad donde podremos tomar otro bus para llegar a algún lado.
la primera combineta nos sale joya, las gentes nos ayudan, el mismo chofer nos indica cual es el próximo bus a tomar. dos horas después de subir bajamos de uno, subimos al otro, tres horas más hasta una nueva terminal de nombre desconocido. van en este bus y bajan en esta terminal dos muchachitos chinos con mochilas, más viajeros que turistas, uno de ellos habla inglés, resulta que ellos también van a fenghuang. ya son las 5 pm, todos compramos boletos para el mismo lugar, que nosotros creemos que es feng huang, pero parece que no.
once pm estamos en una terminal que más bien parece un estacionamiento desolado, hay dos o tres taxistas que nos miran con colmillos afilados a la voz de "lo wai" o algo así que quiere decir gringo. es gracioso encontrar en cada lenguaje un apelativo diferente para lo mismo, que es a su vez distinto en cada lugar. la ciudad es nada parecido a lo que pensamos que sería: hay edificios cuadrados y horrpilantes por doquier. hay un río y otro también en nuestro mapa, pero nada que parezca similar, nada que pueda ser tomado como referencia. nuestros nuevos amigos piden instrucciones, hay unos hoteles cruzando el puente, muchas opciones no tenemos, bastante suerte nos ha tocado de tener cómplices chinos en este tramo.
apenas pasado el puente hay una esquina iluminada, un par de restaurantes mugrientos con mesas en la calle y otros tantos puestos, algunos taxis, motos, fauna nocturna. wang, así se llama nuestro intérprete, hace las averiguaciones del caso, encontramos un hotel que nos queda caro, nos mandan a otro, pegadito nomás, la entrada es a través de unos de los restaurantes de mala muerte que habíamos visto desde el puente, comprobamos que no sólo era la pinta, subimos una escalera tan herrumbrosa y sucia que tememos ver lo que nos espera, el cuarto es un asco sin dudas, compite seriamente el primer puesto entre los peores en los que he estado. es una noche nomás, mañana será otro día, no es posible ponerse en exquisito a estas horas, jonathan me dice que si no quiero vomitar me abstenga de usar el baño, aunque son las 12 y estamos fundidos salimos a caminar un rato porque el ambiente es de verdad deprimente, caminamos 6 ó 7 cuadras por la avenida, hay cabarulos y lugares de juego, a los chinos les encanta apostar. estamos como en una especie de mini constitución aunque menos encimado, y aunque sórdido, el paisaje no es amenzante. compramos unos helados de palito y nos sentamos a tomar el fresco de la noche en la vereda antes de encerrarnos en el cuarto.
amanecemos espabilados por los ruidos de la avenida, nuestros amigos en la habitación de al lado ya han hecho la inteligencia pertinente, resulta que esto no es feng huang, tenemos que tomar un bus urbano para ir a otra terminal de buses, y ahí, recién ahí tomar un bus a feng huang, unas 3 ó 4 horas más.
en la espera, wang toca la armónica, me habla de música y poesía, me nombra a piazzolla y a borges, me dice con cierta vergüenza que nunca se olvidará de nosostros, somos los primeros extranjeros con lo que ha hablado en su vida. que sería de nosotros sin ellos, me pregunto, todavía estaríamos en el estacionamiento de la noche anterior.

lunes, julio 19, 2010

en un bosque de la china

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si estábamos buscando algo así como la china rural, creo que acá la encontramos. estamos en ping'an, en los minority rice fields. terrazas y terrazas de arroz dibujando curvas imposibles, delineando los vaivenes de las laderas. escalones de flecos verdes que danzan en el viento hasta donde llega la vista, ondulaciones infinitas de bambú y arroz. venir hasta acá justifica venir a china, sencillamente. es increíble.
ayer decidimos ir a dazhai, que queda a 3, ó 4, ó 5 horas de caminata. en el camino, como a unos 40 minutos de caminata por valle amplio, llegamos a un puentecito techado custodiado por dos señoras de la etnia yao, famosas por no cortarse el pelo. tienen el pelo largo, más largo que ellas mismas. se lo enroscan alrededor de la cabeza que terminan con una especie de rodete en la frente.
pues las dos encantadoras señoras están sentadas ahí y nos invitan a sentarnos. dudamos, nada es gratis en este mundo, pero al final nos sentamos. nos preguntan donde vamos, decimos que a dazhai. oh, mama goes to dazhai, dice una de ellas, we go together. ay, para qué. emprendemos la caminata otra vez flanqueados por ambas, una delante y otra detrás. decimos no, no, we go alone, pero no hay caso. dicen que hay muchos caminos para dazhai y que ellas van para ahí, bla. yo estoy recaliente, me siento rehén. odio, odio profundamente que me digan que hacer y mucho más que me fuercen a hacer algo que no quiero. ellas ofrecen su servicio y me parece perfecto, pero si decimos no, es no. no hace falta ir con guía, no quiero ir escuchándolas hablar a los gritos, ni pagar comisión por ir con ellas. no y no, voy ofuscadísima. jonathan se ríe, me dice que que me lo tome con calma. yo sé que tiene razón pero igual. seguimos la caminata, un sendero de piedra ondulando entre arrozales y colinas. subidas y bajadas, cursos de agua, está nublado pero se nota que es mediodía. de pronto la vista se abre en un nuevo valle, el camino de piedras se pierde entre un montón de casas enormes de madera y techos de tejas de un arcilla negruzca. zhongliù, nos dicen, mifa mifa (o algo así que quiere decir comida), sí nos vendría bien parar. el pueblo es un laberinto de pasadizos entre casas de madera, todo huele a pino, las casas son gigantes con dos o tres pisos y muchas ventanas pero por dentro se ven vacías. no hay nada como un restaurant, nomás como almacenes, en unos piden 20 yenes por cabeza, una de las mujeres nos dice que podemos conseguir más barato más arriba, la seguimos, paramos en una casa, hay un hombre arrugado fumando un cigarrillo rolado con un papel con inscripciones chinas, elemental, en un salón enorme y desierto, apenas unas banquetitas mínimas de madera y una mesa baja. tres puertas apuntan al salón, más una escalera hacia el piso superior. apenas tras una angostura del espacio asoma la cocina, negra de humo y grasa, un fogón en el piso, un par de ollas ennegrecidas de humo, un tacho con agua y una tele donde pasan telenovelas chinas. una de las dos dice que ésta es su casa, hacen fuego y se ponen a cocinar en un wok varios vegetales, grasa de cerdo, huevos, obviamente el arroz ya está listo, nos presentan tres platos distintos de vegetales, arroz aglutinado envuelto en hojas de chala, como humitas y arroz blanco. para coronar, carne (o más bien grasa) de cerdo frita y una especie de vino de arroz fermentado. el vino desafía el asco de jonathan: le tocó con bichos y la verdad es que tiene un aspecto horrendo, pero no está mal. la comida está riquísima, o tenemos mucho hambre. retiro todo mi enojo, toda mi bronca, todo lo dicho, esto es mejor que cualquier restaurante, están cocinando para nosotros ahí mismo y nos dejan ser parte de la intimidad de su casa, de su vida.
el reloj acusa casi las 4 pm, nos dicen que dazhai está todavía a 3 horas de caminata, afuera amenaza lluvia, yo tengo más ganas de quedarme ahí que otra cosa, nos preguntan si nos queremos ir o quedarnos, es gracioso como uno se puede entender por señas, dormir, dicen, juntan las manitos y tuercen la cabeza, usándolas como almohadas. las 4 más 3 horas de caminata con lluvia, me pa que nos quedamos, sí, nos quedamos, en seguida ponen manos a la obra para habilitarnos un cuarto, una barre, la otra trae mantas limpias.
jonathan le ofrece un cigarro al tipo, él agradece y luego estira uno de sus cigarros, un cucurucho de un papel ordinario y grueso, es un hecho, nos quedamos.
en el camino habíamos pasado una catarata chiquita, había unos nenes nadando, vamos hasta ahí, se larga a llover un poco, igual seguimos, todo cuesta abajo otra vez. jonathan se mete sin dudarlo, el agua está fría y aún gotea, yo lo pienso porque no tengo otra ropa ni toalla ni nada, y siempre es lo mismo para las mujeres en estos lugares, hay que tener cuidado de no ofender la moral local. aparecen tres nenes locales, se meten en el agua, uf, con este público sí que no me meto, o sea, me tengo que poner en ropa interior y no da. al final para de llover, los enanos se pierden y yo me decido, está fría pero hermosa, cinco minutos nomás pero viene bien porque hoy no habrá ducha. piel de gallina que me dura un rato largo largo, espero que no me pase lo de luang prabang, otra vez empieza a gotear, volvamos a la casa que me pongo el rompeviento, lo único que traje, ya están preparando la cena, nos sentamos cerca del fuego y todo empieza otra vez. el menú es casi idéntico, esta vez se sientan junto con nosotros a cenar. en un balde, un ruido, hay un pescado revolviéndose apretado en su prisión líquida, dice que lo cocinarán mañana.
a las 9 ya estamos para irnos a dormir excepto que me agarra un ataque de alergia, entre el polvo y la humedad. hace tiempo que no tengo alergia, estornudo tras estornudo, no sé que le pasa a mi cuerpo últimamente que se quiere hacer notar. se escucha el revoloteo acuoso del pescado a pesar del concierto de achís, jonathan trata de enseñarme como pronunciar pescado en francés, poison que no es lo mismo que poisson, veneno. las sutilezas del acento me vencen, jonathan se ríe, yo también, tanto que ya no puedo pronunciar más.
me desperté como a las 5 y algo con un dolor extraño, una compresión violenta en la caja torácica, frente, espalda y perfil, mezcla de la cama dura, la humedad y haber trepado anteyer con 15 kg en la espalda. me asomo a ver si habrá algo así como amanecer, está nubladísimo, vuelvo a la cama, no encuentro posición, me duele por todos los flancos. me levanto para ir al baño, una letrina horripilante en el piso de abajo de la casa vecina, pegado al establo; cada casa tiene el suyo, mezcla de establo, depósito, leñera y basurero. vuelvo a la cama, no hay caso, me levanto otra vez, no son las 8 aún, nuestra anfritiona está cortando hojas de taro, creo que las usan para dar de comer a los animales, me muestra sus dedos derretidos por un accidente eléctrico con la arrocera, elemento indispensable en todas las casas asiáticas que visité.
vuelvo al cuarto, jonathan duerme o algo así, me tienta, duermo un rato más. al final nos levantamos tipo 8, ya está todo en marcha, otra vez la misma comida para el desayuno, todo frito en grasa, dos días así y tengo que mandar mi hígado de vuelta a casa, me siento pésimo, casi no como nada. la otra señora está también presente, hacemos los honores, es hora de pagar, hablamos entre nosotros en inglés y nos pescan al vuelo, vamos a tener que empezar a hablar en francés en situaciones como éstas, 150 yenes igual era lo que habíamos pensado, por tres comidas y alojamiento para los dos, no está mal, nos sacamos fotos con ellas, harmoso.
estoy ondeando bandera blanca con la idea de ir a dazhai, 3 horas de caminata que serán 5, nos vamos a tener que quedar a dormir ahí antes de volver a pign'an donde dejamos las mochilas, me quedé sin pilas en la cámara otra vez, otra vez amenaza lluvia y no tenemos pilcha, y yo de verdad que me siento pésimo. jonathan que es un amor a la enésima va a comprar agua y me trae un chocolate, evaluamos las posibilidades, decidimos emprender la vuelta.
como a las 10 salimos, nuestra anfitriona se enrosca el pelo, se pone las ropas típicas y nos sigue, camina detrás nuestro mientras nos alejamos del pueblo hasta que nos cruzamos con otro grupo de turistas, y ahí nomás se les pone a charlar, go dazhai? mama goes dazhai, zhongliù mifa mifa, se da la vuelta nomás, encabezando el grupo de gringos van marchando de regreso a su pueblo.